[1] SEÑOR, recuerda lo que nos ha sucedido. ¡Mira cómo hemos sido deshonrados! [2] Se entregó nuestra herencia a extraños; nuestras casas, a extranjeros. [3] Somos huérfanos, sin padre, y nuestras madres son viudas. [4] Tenemos que pagar por el agua que bebemos, y hasta la leña es costosa. [5] Los que nos persiguen nos pisan los talones; estamos agotados pero no encontramos descanso. [6] Nos sometimos a Egipto y a Asiria para conseguir alimentos y así sobrevivir. [7] Nuestros antepasados pecaron, pero murieron, ¡y nosotros sufrimos el castigo que ellos merecían! [8] Los esclavos son ahora nuestros amos; no ha quedado nadie para rescatarnos. [9] Buscamos comida a riesgo de nuestra vida porque la violencia domina el campo. [10] El hambre hizo ennegrecer nuestra piel como si hubiera sido quemada en el horno. [11] Nuestros enemigos violaron a las mujeres de Jerusalén y a las muchachas de las ciudades de Judá. [12] Cuelgan a nuestros príncipes de las manos, y tratan a nuestros ancianos con desprecio. [13] Llevan a los jóvenes a trabajar en los molinos, y los niños tambalean bajo pesadas cargas de leña. [14] Los ancianos ya no se sientan en las puertas de la ciudad; los jóvenes ya no bailan ni cantan. [15] La alegría abandonó nuestro corazón; nuestras danzas se convirtieron en luto. [16] Cayeron las guirnaldas de nuestra cabeza. Lloren por nosotros porque hemos pecado. [17] Tenemos el corazón angustiado y cansado, y nuestros ojos se nublan por las lágrimas, [18] porque Jerusalén está vacía y desolada; es un lugar donde merodean los chacales. [19] ¡Pero SEÑOR, tú serás el mismo para siempre! Tu trono continúa de generación en generación. [20] ¿Por qué sigues olvidándonos? ¿Por qué nos has abandonado por tanto tiempo? [21] ¡Restáuranos, oh SEÑOR, y haz que regresemos a ti! ¡Devuélvenos la alegría que teníamos antes! [22] ¿O acaso nos has rechazado por completo? ¿Todavía estás enojado con nosotros?