John 2 - La Biblia de Estudio del Diario Vivir

2:1-2 La misión de Jesús era salvar al mundo, la misión más importante en la historia de la humanidad. Sin embargo, Jesús dedicó tiempo para asistir a una boda y participar en las festividades. Es posible que pensemos que no deberíamos ocupar nuestro tiempo en actividades sociales cuando hay tanto trabajo «importante» para hacer. No obstante, las actividades sociales podrían ser parte de nuestra misión. Jesús valoró las festividades de esta boda, porque en ellas había personas y él vino a la tierra para relacionarse con personas. A menudo cumplimos nuestra misión mientras compartimos momentos de celebración con otros. Equilibre su vida involucrando a Jesús en los momentos de diversión y en el tiempo de trabajo.

2:1-3 Las bodas en los días de Jesús eran celebraciones que podían durar una semana entera. Se preparaban banquetes para muchos invitados y se celebraba la nueva vida de la pareja. Muchas veces todo el pueblo era invitado y todos asistían, ya que rehusar una invitación a una boda era un insulto. Por lo tanto, había que planificar cuidadosamente para atender a tantos invitados. Una de las peores vergüenzas era que se acabara el vino, pues violaba las costumbres de hospitalidad. Jesús estaba a punto de suplir una necesidad que causaba gran preocupación.

2:4 Es posible que María no estuviera esperando que Jesús hiciera un milagro, sino que simplemente buscara una solución a este gran problema y consiguiera más vino. La tradición dice que José, el esposo de María, ya había fallecido, de modo que ella estaba acostumbrada a solicitar la ayuda de su hijo. La respuesta de Jesús no es fácil de entender, y quizás eso es intencional. Aunque María no sabía lo qué Jesús iba a hacer, estaba segura de que haría lo correcto. Quienes creen en Jesús y se encuentran en situaciones que no pueden comprender, deben seguir confiando en que él hará lo que es mejor.

2:5 María se sometió a la voluntad de Jesús. Ella sabía que además de ser su hijo humano, era el Hijo de Dios. A veces, cuando le entregamos nuestros problemas a Cristo, también pensamos que sabemos de qué manera debería resolverlos. Sin embargo, es posible que él tenga un plan totalmente diferente. Al igual que María, debemos someternos a su voluntad y dejar el problema en sus manos.

2:6 Según las leyes ceremoniales judías, la gente quedaba impura, de manera simbólica, cuando tocaba ciertos objetos de la vida cotidiana. Antes de comer, los judíos se echaban agua en las manos para lavarse de cualquier mala influencia relacionada con lo que hubieran tocado. Estas tinajas de piedra normalmente contenían el agua para el lavado ceremonial.

2:10 La gente busca la emoción y el sentido de la vida en todas partes menos en Dios. Por alguna razón, piensan que Dios es aburrido y soso. Así como el vino que Jesús hizo era el mejor, la vida en él es la mejor. No espere a que todo se agote antes de buscar a Dios. ¿Para qué dejar lo mejor para más tarde?

2:11 Cuando los discípulos vieron el milagro de Jesús, creyeron en él. Este milagro mostró su poder sobre la naturaleza y reveló en qué consistiría su ministerio: ayudar a los demás, hablar con autoridad y relacionarse con las personas.

Los milagros no solamente son sucesos sobrenaturales, sino hechos que muestran el poder de Dios. Casi todo milagro que Jesús realizó fue una renovación de la creación caída; por ejemplo, dar vista a los ciegos, hacer caminar a los cojos y resucitar a los muertos. ¡Crea en Cristo! Él no es un superhombre, es Dios renovando su creación en nosotros que somos pobres, débiles, lisiados, huérfanos, ciegos, sordos y con necesidades desesperantes.

2:12 Capernaúm se convirtió en la base de operaciones de Jesús durante su ministerio en Galilea. Ubicada en una importante ruta comercial, era una ciudad principal en la región que contaba con una guarnición romana y un puesto aduanero. En Capernaúm fue donde Jesús llamó a Mateo para que fuera su discípulo (Mateo 9:9) y era donde estaba el hogar de un alto funcionario de gobierno (4:46). Contaba con al menos una sinagoga importante. Aunque Jesús hizo de esta ciudad su base de operaciones en Galilea, la condenó por la incredulidad de su habitantes (Mateo 11:23; Lucas 10:15).

2:13 La Pascua se celebraba todos los años en el templo de Jerusalén. Todo varón judío estaba obligado a hacer el peregrinaje a Jerusalén para esta celebración (Deuteronomio 16:16). Era un festival que duraba una semana; la Pascua era el primer día y el Festival de los Panes sin Levadura duraba el resto de la semana. La semana entera conmemoraba la liberación de los judíos de la esclavitud en Egipto (Éxodo 12:1-13).

2:13 Jerusalén era la sede política y religiosa de Israel. Allí se encontraba el templo y era donde se esperaba que apareciera el Mesías. Judíos de todas partes del mundo viajaban a Jerusalén para la celebración de los festivales principales. El templo estaba ubicado en un lugar imponente, sobre una colina que dominaba la ciudad. Este templo fue construido en el 515 a. C., después del destierro en Babilonia, y en el 20 a. C. Herodes el Grande comenzó un proyecto de ampliación y renovación. El primer templo, construido por Salomón en el 959 a. C., fue destruido por los babilonios en el 586 a. C. (2 Reyes 25).

2:14 Durante la Pascua, la zona del templo tenía gran afluencia de visitantes de todas partes. Se congestionaba aún más porque los líderes religiosos permitían que vendedores de animales y cambistas hicieran sus negocios en el atrio de los gentiles. Justificaban la práctica diciendo que era una manera de ayudar a los viajeros que llegaban a adorar, y también de recaudar dinero para el mantenimiento del templo; pero parecía no importarles que la congestión dificultaba la adoración de los gentiles. Los líderes religiosos habían olvidado el propósito principal del templo: la adoración a Dios. ¡Con razón Jesús estaba enojado!

2:14 Los viajeros tenían que cambiar su dinero para pagar el impuesto del templo con moneda local. También muchos de los viajeros venían de muy lejos como para traer sus propios animales para los sacrificios. (Además, los animales que traían podían ser rechazados si tenían imperfecciones). Por eso, los cambistas y los vendedores de animales tenían negocios florecientes en el atrio de los gentiles. Sin embargo, los cambistas imponían tarifas exorbitantes y los comerciantes vendían los animales por mucho más de lo que costaban en otro lugar. Jesús se enojó debido a estas prácticas deshonestas y codiciosas, pero principalmente le molestó que estuvieran en la zona del templo. Lo que hacían era una burla al propósito de la casa de Dios.

2:14 ss. Esta es la primera vez que Jesús despeja el templo. La segunda vez ocurrió al final de su ministerio, alrededor de tres años más tarde (Mateo 21:12-17; Marcos 11:15-19 y Lucas 19:45-48).

2:14-16 La gente había pervertido el propósito del templo de Dios y lo había convertido en un mercado. Se habían olvidado, o no les importaba, que el templo era para adorar a Dios y no un lugar para obtener ganancias. Estamos muy equivocados si vamos a la iglesia porque es un lugar ideal para establecer contactos personales o para hacer negocios. Asegúrese de que va a la iglesia para adorar a Dios.

2:15-16 Jesús estaba enojado con los comerciantes que se aprovechaban de las personas que llegaban a la casa de Dios para adorarlo. El enojo descontrolado y la indignación justa son dos cosas muy diferentes, pero ambos sentimientos son enojo. Debemos tener mucho cuidado con esta poderosa emoción. Es correcto indignarse ante la injusticia y el pecado, pero es incorrecto tener arrebatos de enojo por ofensas triviales.

2:15-16 Jesús hizo un látigo y expulsó a los cambistas y a los comerciantes. ¿Permite el ejemplo de Jesús que usemos violencia contra los malhechores? No todas las personas tienen la misma autoridad. Por ejemplo, la policía tiene autoridad para usar armas y arrestar a la gente; el público en general, no. Los jueces tienen autoridad para sentenciar a la gente a la cárcel; los demás ciudadanos, no. Jesús tenía toda la autoridad de Dios, algo que no se nos ha otorgado. Es cierto que debemos procurar vivir como Cristo, pero nunca debemos intentar apropiarnos de su autoridad si esta no nos ha sido dada.

2:17 Jesús consideraba como insultos en contra de Dios los hechos malvados que estaban sucediendo en el templo y, por lo tanto, lidió contra ellos con fuerza. La indignación justa que sentía, por tal falta de respeto hacia Dios, lo consumía.

2:19-20 Los judíos pensaban que Jesús se refería al templo del que acababa de expulsar a los cambistas y a los comerciantes. Habían pasado unos 46 años desde que Herodes el Grande comenzó su proyecto de renovación y ampliación del templo, y aún no se había terminado. Estaban sorprendidos de que Jesús les dijera que si destruían ese templo imponente, él lo reedificaría en tres días.

2:21-22 Jesús no estaba hablando del templo hecho de piedras, sino de su cuerpo. Sus oyentes no comprendían que Jesús era superior al templo (Mateo 12:6). Los discípulos comprenderían lo que quería decir, después de su resurrección. El cumplimiento perfecto de esta profecía se convirtió en la prueba más contundente de su divinidad.

2:23-25 El Hijo de Dios conoce muy bien la naturaleza humana. Jesús conocía la verdad expresada en Jeremías 17:9: «El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso. ¿Quién realmente sabe qué tan malo es?». Jesús era sabio y sabía que la fe de algunos de sus seguidores era superficial. Algunos de los mismos que proclamaron creer en Jesús después gritarían: «¡Crucifícalo!». Es fácil creer cuando todo es emocionante y todos creen lo mismo, pero manténgase firme en su fe aun cuando no sea popular seguir a Cristo.

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