John 1 - La Biblia de Estudio del Diario Vivir
1:1 Las enseñanzas y las obras de Jesús están inseparablemente ligadas a quién es él. Juan muestra que Jesús es plenamente humano y plenamente Dios. Aunque fue hombre, nunca dejó de ser el eterno Dios: Creador y Sustentador de todas las cosas y fuente de la vida eterna. Esta es la verdad acerca de Jesús y es el fundamento de toda verdad. Si no creemos esta verdad básica, no podremos confiarle a Jesús nuestro destino eterno. Es por eso que Juan escribió este Evangelio: para que tengamos fe y confianza en Jesucristo, y para que creamos que él es el Hijo de Dios (20:30-31).
1:1 Juan escribió su Evangelio para todos los creyentes, tanto judíos como gentiles (o sea, no judíos). Debido a que fue uno de los 12 discípulos de Jesús, su testimonio es confiable y contiene detalles de un testigo ocular. Su libro no es una biografía (como el libro de Lucas), sino una presentación temática de la vida de Jesús. Muchos de los destinatarios originales del Evangelio tenían un trasfondo griego, y en la cultura griega se les rendía culto a muchos dioses mitológicos cuyas características sobrenaturales eran extremadamente importantes para ellos. Juan muestra que Jesús no solo es diferente a esos dioses, sino superior a ellos.
1:1 ss. ¿Qué quiere decir Juan con «la Palabra»? «La Palabra» era un término que los teólogos y los filósofos, tanto judíos como griegos, utilizaban en distintas maneras. En las Escrituras hebreas, «la Palabra» era un agente de creación (Salmo 33:6), la fuente del mensaje de Dios para su pueblo por medio de los profetas (Oseas 4:1) y la ley de Dios: su norma de santidad (Salmo 119:11). En el lenguaje griego, «la Palabra» podía referirse a la razón o a los pensamientos de una persona. En la filosofía griega, era el fundamento racional que gobernaba al universo. Es posible que Juan haya tenido estas ideas en mente, pero su descripción muestra claramente que se refería a Jesús (ver especialmente 1:14): un ser humano a quien conoció y amó, y que también era el Creador de todo, la máxima revelación de Dios, la imagen viviente de la santidad de Dios, aquel que «mantiene unida toda la creación» (Colosenses 1:17). Para los judíos, decir que este hombre Jesús «era Dios» sería pronunciar una blasfemia. Para los griegos, creer que «la Palabra se hizo hombre» (1:14) era inconcebible. Para Juan, esta nueva revelación de «la Palabra» era la Buena Noticia de Jesucristo.
1:3 Cuando Dios creó, hizo algo de la nada. Debido a que fuimos creados, no tenemos nada de que enorgullecernos. Recuerde que usted existe porque Dios lo creó y que tiene dones especiales porque Dios se los ha dado. Con Dios, usted es valioso y especial, pero separado de él, no es nada. Si intenta vivir sin él, estará abandonando el propósito para el cual fue creado.
1:3-5 ¿Piensa usted que su vida es demasiada compleja como para que Dios la comprenda? Recuerde: Dios creó el universo y nada es demasiado difícil para él. Así mismo, Dios lo creó a usted y su amor es superior a cualquier problema que pueda tener.
1:4-5 «La oscuridad jamás podrá apagarla» significa que la oscuridad de la maldad nunca ha triunfado ni triunfará sobre la luz de Dios. Jesucristo es el Creador de la vida, y su vida alumbra a la humanidad. En su luz, nos vemos tal y como somos: pecadores en necesidad de un Salvador. Cuando seguimos a Jesús, la luz verdadera, podemos evitar caer en pecado porque andamos en la claridad. Él ilumina nuestro camino para que sepamos cómo vivir y quita la oscuridad del pecado de nuestra vida. ¿Ha permitido que la luz de Cristo brille en su vida? Si Cristo lo guía, nunca tropezará en la oscuridad.
1:6-8 Si desea más información sobre Juan el Bautista, vea su perfil en la página 0000.
1:8 Al igual que Juan el Bautista, nosotros como creyentes simplemente reflejamos la luz de Dios. Jesucristo es la Luz verdadera que ilumina el camino a Dios y nos muestra cómo andar en él. Cristo ha escogido reflejar su luz por medio de sus seguidores, a los incrédulos; posiblemente porque estos no soportarían en directo la resplandeciente gloria de su luz. La palabra «testigo» indica lo que debemos hacer como reflectores de la luz de Cristo. Debemos hablar a otros de la Luz, o sea, dirigirlos a Cristo.
1:10-11 Cristo creó al mundo, pero aquellos a quienes creó no lo reconocieron (1:10). Aunque a lo largo del Antiguo Testamento se menciona que vendría el Mesías, hasta el pueblo que Dios había escogido para preparar al resto del mundo para su llegada lo rechazó (1:11).
1:12-13 Todos los que reciben a Jesucristo como Señor de su vida nacen de nuevo espiritualmente y Dios les da una nueva vida. Mediante la fe en Cristo, este nuevo nacimiento nos cambia desde adentro y transforma nuestras actitudes, deseos y motivos. Una persona no pertenece a la familia de Dios por nacer en una familia judía o cristiana. Nadie puede adquirir el nuevo nacimiento por su propia cuenta; solamente Dios puede otorgarlo. ¿Le ha pedido a Cristo que lo haga una nueva persona? Este nuevo comienzo en la vida está disponible a todos los que creen en Cristo.
1:14 «La palabra» tomó forma humana. Esto significa que Cristo fue 1) el maestro perfecto: por medio de Jesús nos damos cuenta de cómo piensa Dios y, por lo tanto, cómo debemos pensar nosotros (Filipenses 2:5-11); 2) el ejemplo perfecto: Jesús nos enseña cómo debemos vivir y nos da el poder para vivir de esa manera (1 Pedro 2:21); y 3) el sacrificio perfecto: Jesús vino a la tierra para ser el sacrificio por el pecado. Su muerte cumplió con los requisitos de Dios para quitar el pecado (Colosenses 1:15-23).
1:14 La frase «el único Hijo del Padre» significa que no hay otro hijo como Jesús. El énfasis está en la palabra «único». Aunque los creyentes son llamados «hijos de Dios» (1:12-13), Jesús es único y disfruta de una relación especial con Dios.
1:14 Cuando Jesús fue concebido, Dios se hizo hombre. No era mitad hombre y mitad Dios; era plenamente humano y plenamente divino (Colosenses 2:9). Antes de que Cristo viniera a la tierra las personas podían conocer a Dios de manera limitada; después de su llegada, las personas podían conocerlo mejor porque se hizo visible y tangible. Cristo es la expresión perfecta de Dios en forma humana. Los dos errores más comunes que se cometen, en cuanto a la persona de Jesús, son: minimizar su humanidad o minimizar su divinidad. Jesús es Dios y es humano.
1:17 La ley y la gracia (la combinación del «amor inagotable de Dios y su fidelidad») son dos características de la naturaleza de Dios que podemos ver claramente cuando trata con nosotros. Moisés enfatizó la justicia y la ley de Dios, mientras que Jesucristo resaltó la misericordia, el amor, la fidelidad y el perdón de Dios. Moisés dio la ley y Cristo la cumplió (Mateo 5:17). La ley reveló la naturaleza y la voluntad de Dios; ahora es Jesucristo quien revela la naturaleza y la voluntad de Dios. La revelación de Dios ya no viene por medio de frías tablas de piedra, sino mediante una persona viva. A medida que conozcamos mejor a Cristo, entenderemos mejor a Dios.
1:18 En el Antiguo Testamento, Dios se comunicó a través de distintas personas; por lo general, fueron profetas que recibieron mensajes específicos, pero nadie vio jamás a Dios. Jesús es Dios y es el único Hijo del Padre. En Cristo, Dios reveló su naturaleza y esencia en una forma visible y palpable: se hizo hombre y vivió en el mundo.
1:19 Los sacerdotes y los ayudantes del templo (también llamados levitas) eran respetados líderes religiosos de Jerusalén. Los sacerdotes trabajaban en el templo y los ayudantes del templo los asistían. Los fariseos (1:24) eran un grupo religioso que Juan el Bautista y Jesús condenaron con frecuencia. Muchos de ellos seguían los reglamentos de la ley de Dios para aparentar ser piadosos, pero sus corazones estaban llenos de orgullo y avaricia. Los fariseos creían que sus tradiciones orales eran tan importantes como la inspirada Palabra de Dios. (Para más información acerca de los fariseos, vea el cuadro «Los fariseos y los saduceos» y el cuadro «Los grupos religiosos y políticos de los judíos»los cuadros en las páginas 0000 y 0000).
Estos líderes fueron a ver a Juan el Bautista por varias razones: 1) su responsabilidad como guardianes de la fe incluía investigar cualquier enseñanza nueva o movimiento nuevo (Deuteronomio 13:1-5; 18:20-22); 2) querían averiguar si Juan tenía las credenciales de un profeta; y 3) debido a que Juan tenía un creciente número de seguidores, probablemente estaban celosos y querían saber por qué este hombre era tan popular.
1:21-23 En la mente de los líderes religiosos, Juan el Bautista era una de cuatro opciones: 1) el Profeta anunciado por Moisés (Deuteronomio 18:15), 2) Elías (Malaquías 4:5), 3) el Mesías, o 4) un falso profeta. Sin embargo, Juan no era ninguna de esas y se identificó utilizando palabras tomadas del profeta Isaías: «Es la voz de alguien que clama: “¡Abran camino a través del desierto para el SEÑOR!”» (Isaías 40:3). Los líderes siguieron presionándolo para que les dijera con claridad quién era porque el pueblo estaba esperando la llegada del Mesías (Lucas 3:15), pero Juan solamente resaltó el propósito de su misión: preparar el camino para el Mesías. Los fariseos aún no comprendían. Ellos querían saber la identidad de Juan, pero Juan quería prepararlos para que pudieran identificar a Jesús.
1:25-26 Juan estaba bautizando a judíos. Los esenios (una estricta secta monástica del judaísmo) practicaban el bautismo para la purificación, pero normalmente solamente los gentiles eran bautizados cuando se convertían al judaísmo. Con su pregunta, los fariseos le estaban preguntando a Juan quién le había dado el derecho de tratar al pueblo escogido de Dios como si fueran gentiles. Juan les dijo: «Yo bautizo con agua», o sea, que simplemente estaba llevando a cabo un acto simbólico de arrepentimiento, pero pronto vendría uno que en efecto perdonaría los pecados, algo que solo el Hijo de Dios —el Mesías— podría hacer.
1:27 Juan el Bautista dijo que ni siquiera era digno de ser esclavo de Cristo. Sin embargo, Jesús dijo que Juan era superior a todos los profetas (Lucas 7:28). Si una persona tan importante como Juan se sentía tan insignificante en la presencia de Cristo, ¡cuánto más deberíamos nosotros abandonar nuestro orgullo para servir a Cristo! Cuando realmente comprendemos quién es Cristo, nuestro orgullo y egocentrismo se desvanecen.
1:29 Todos los días por la mañana y por la tarde, un cordero era sacrificado en el templo por los pecados del pueblo (Éxodo 29:38-42); para pagar la penalidad por el pecado, había que sacrificar una vida. En Isaías 53:7 encontramos la profecía de que el Mesías, el siervo de Dios, sería llevado como un cordero al matadero. Dios mismo escogió proveer el sacrificio: Jesús. Él fue el sacrificio perfecto que pagó por el pecado del mundo. Así es como son perdonados nuestros pecados (1 Corintios 5:7). El «pecado del mundo» se refiere al pecado de todos, de cada persona. Usted puede recibir el perdón de Dios hoy: confiese su pecado y pídale que lo perdone.
1:30 Juan el Bautista tenía un ministerio floreciente que atraía multitudes; sin embargo, estaba contento de que Jesús llegara a ocupar una posición superior a la de él. Así es la verdadera humildad, y esta es la base para la grandeza en la predicación, en la enseñanza o en cualquier otra labor que hagamos por Cristo. Cuando se sienta contento de hacer lo que Dios le dice y que Cristo reciba la gloria, Dios hará grandes cosas por medio de usted.
1:31-34 Dios le había dicho a Juan que le daría una señal para mostrarle quién era el Mesías. Cuando Jesús fue bautizado, Juan vio la señal y declaró que Jesús era el Mesías. Juan y Jesús eran parientes (Lucas 1:36), de modo que ya se conocían, pero no fue hasta el bautismo de Jesús que Juan comprendió que Jesús era el Mesías. (El bautismo de Jesús se relata en Mateo 3:13-17; Marcos 1:9-11 y Lucas 3:21-22).
1:33 El bautismo con agua, practicado por Juan, era preparatorio porque era para llamar a la gente al arrepentimiento, y simbolizaba el lavamiento de los pecados. Jesús, sin embargo, bautizaría con el Espíritu Santo. Después de su resurrección (20:22) y en Pentecostés (Hechos 2), Jesús envió el Espíritu Santo sobre todos los creyentes para que tuvieran poder para enseñar y poner en práctica el mensaje de salvación.
1:34 La responsabilidad de Juan el Bautista era dirigir a la gente hacia Jesús, el Mesías tan esperado. Hoy, muchas personas andan en busca de alguien que les dé seguridad en un mundo inseguro. Nuestra responsabilidad es dirigirlas a Cristo y mostrarles que él es aquel a quien tanto buscan.
1:35 ss. Esta última sección describe cómo los primeros creyentes se convirtieron en discípulos de Jesús. Andrés y el otro discípulo de Juan el Bautista (que probablemente era Juan, el escritor de este libro) siguieron a Jesús debido al testimonio de su maestro. Pedro siguió a Jesús debido al testimonio de su hermano Andrés. Felipe siguió a Jesús porque Jesús lo llamó, y Natanael siguió a Jesús por el testimonio de Felipe y la revelación que Jesús le hizo. Esta progresión nos da un modelo para la evangelización.
1:37 ¿Por qué estos discípulos de Juan el Bautista lo dejaron? Eso era exactamente lo que Juan quería que sucediera. Él había estado preparando el camino para Jesús y había llegado el tiempo para que lo siguieran.
1:38 Jesús preguntó a los discípulos que lo seguían: «¿Qué quieren?». No solamente hay que seguir a Cristo, hay que seguirlo con los motivos correctos. Seguirlo para lograr nuestros propósitos sería como pedirle a Cristo que nos siga a nosotros, que se una a nuestra causa. Debemos examinar nuestro corazón y preguntarnos si estamos buscando su gloria o la nuestra.
1:40-42 Andrés aceptó el testimonio de Juan el Bautista acerca de Jesús y de inmediato fue a buscar a su hermano para contárselo. Andrés no tenía duda alguna de que Jesús era el Mesías. ¿A cuántas personas ha hablado usted de su relación con Jesús?
1:42 Jesús no solamente vio quién era Simón en ese momento; también vio quién llegaría a ser. Por eso le dio un nombre nuevo: «Cefas» en arameo o «Pedro» en griego, que significa «roca». A lo largo de los Evangelios, Pedro no parece ser un personaje sólido como una roca, pero en el libro de los Hechos, en los días de la iglesia primitiva, ciertamente se convirtió en una roca sólida. Jesús comenzó un cambio en el carácter de Simón dándole un nombre nuevo. (Para más información sobre Simón Pedro, vea su perfil en la página 0000).
1:46 Es posible que los judíos despreciaran a Nazaret porque allí estaba ubicada una guarnición romana. Algunos han especulado que el pueblo de Nazaret tenía una actitud de indiferencia o una mala reputación en cuanto a la moralidad y los asuntos religiosos; esto sería lo que motivó a Natanael a expresar su comentario. Natanael era oriundo de Caná, un pueblo ubicado a unos seis kilómetros de Nazaret.
1:46 A Natanael le sorprendió que el Mesías fuera de Nazaret, pero Felipe lo instó para que fuera a comprobarlo él mismo. Afortunadamente, Natanael no se apegó a sus prejuicios y fue a ver a Jesús, y se convirtió en su discípulo. Si no lo hubiera hecho, ¡hubiera perdido su encuentro con el Mesías! Siguiendo el ejemplo de Felipe, inste a las personas a que no se aferren a sus prejuicios acerca de Jesús, que comprueben quién es él en realidad y que lleguen a conocer su poder y amor.
1:47-49 Jesús conocía íntimamente a Natanael antes de que los dos se encontraran. Jesús sabía que era un hombre íntegro. Así mismo, Dios nos conoce cómo somos en realidad. Es inútil que usted finja ser algo que no es. El Señor lo conoce muy bien y quiere que usted sea su discípulo.
1:51 Esta es una referencia al sueño de Jacob en el que vio una escalera que conectaba el cielo y la tierra, sobre la cual los ángeles de Dios subían y bajaban (Génesis 28:12). Jesús es el cumplimiento de este sueño. Él es el intermediario entre el cielo y la tierra.
