John 11 - Biblia de Estudio MacArthur
11:1—12:50 El pasaje anterior (10:40–42) marcó el final del ministerio público de Jesús desde el punto de vista de Juan. A partir de aquí Él comienza a recluirse de las masas para ministrar a sus propios discípulos y a quienes lo amaban a medida que se preparaba para enfrentar la muerte. Israel ya había tenido su ventana de oportunidad. El sol ya casi se ponía y la noche se acercaba. Estos dos capítulos forman la transición hacia los capítulos 13 al 21 que registran la pasión de Cristo, es decir, los acontecimientos relacionados con la cruz.
11:1 Lázaro. La resurrección de Lázaro es la señal más apoteósica y dramática del evangelio, así como la cima del ministerio público de Jesús. Ya se han presentado seis milagros: agua convertida en vino [2:1–11], sanidad del hijo de un oficial del rey [4:46–54], restauración del paralítico [5:1–15], multiplicación de panes y peces [6:1–14], caminar sobre el agua [6:15–21], y curación de un ciego de nacimiento [9:1–12]). La resurrección de Lázaro es más potente que todas estas señales e incluso más monumental que la resurrección del hijo de la viuda de Naín (Lc. 7:11–16) o el de la hija de Jairo (Lc. 8:40–56) porque esos dos casos de resurrección ocurrieron de inmediato tras la muerte de cada persona. Lázaro en cambio fue levantado de entre los muertos tras haber estado cuatro días en la tumba, por lo cual el proceso de descomposición ya iba muy avanzado (v. 39). Betania. Es diferente de Betábara o “la otra Betania” que estaba “al otro lado del Jordán” que se menciona en 1:28 (vea la nota allí). Se encuentra en el costado oriental del Monte de los Olivos a unos 4 km de Jerusalén (v. 18) por el camino que conduce a Jericó. María… Marta. Esta es la primera mención de la familia en el Evangelio de Juan. El apóstol relató la historia de María la que ungió a Jesús en 12:1–8, pero esta referencia puede indicar que los lectores originales ya estaban familiarizados con el acontecimiento. Cp. Lucas 10:38–42.
11:1–57 Desde que comienza el capítulo 11, Jesús ya se dispone a enfrentar la cruz. El poco tiempo que pasó en esta región más allá del Jordán llegó a su fin. Juan retomó la historia cuando Él ya había regresado al área de Jerusalén y faltaban pocos días para su muerte en la cruz. En esos últimos días antes de su muerte, la atmósfera en el Evangelio de Juan cambia del odio y el rechazo (10:39) a un testimonio bienaventurado e inconfundible de la gloria de Cristo. A pesar de todo el rechazo y el aborrecimiento, nada pudo ocultar su gloria que se manifestó aquí en la resurrección de Lázaro. Ese milagro evidenció su gloria en tres aspectos: 1) apuntó a su deidad; 2) fortaleció la fe de los discípulos, y 3) preparó un sendero directo a la cruz (12:23). El capítulo puede dividirse de la siguiente manera: 1) la preparación para el milagro (vv. 1–16), 2) le llegada de Jesús (vv. 17–37), 3) el milagro mismo (vv. 38–44) y 4) los resultados del milagro (vv. 45–57).
11:3 Enviaron. Como Jesús estaba en el área aledaña al río Jordán y Lázaro estaba cerca de Jerusalén, el mensaje a Jesús pudo tardar todo un día en llegar a Él. Sin lugar a dudas Jesús ya conocía por su omnisciencia la condición de Lázaro (vea el v. 6; 1:47). Es posible que este hubiera muerto antes de que el mensajero se comunicara con Jesús, porque llevaba cuatro días de muerto (v. 17) al momento en que Jesús llegó, tras una demora intencional de dos días (v. 6) y un día de viaje. el que amas. Esta frase es un indicio conmovedor de la amistad entrañable de Jesús y Lázaro. Cp. 13:1.
11:4 el Hijo de Dios sea glorificado. Esta frase revela el propósito verdadero de la enfermedad de Lázaro, i. e. no su muerte física, sino que el Hijo de Dios fuera glorificado a través de su resurrección (cp. el v. 4; vea las notas sobre 9:3).
11:6 se quedó dos días más. La decisión de demorar su viaje no fue lo que ocasionó la muerte de Lázaro, porque Jesús ya tenía conocimiento sobrenatural de la gravedad de su condición. Lo más probable es que al recibir Jesús el mensaje, Lázaro ya estaba muerto. La tardanza se debía a que Él amaba esa familia (v. 5) y ese amor se hizo evidente porque Él fortaleció su fe en gran manera tan pronto levantó a Lázaro de entre los muertos. La tardanza también sirvió para asegurar que Lázaro permaneciera muerto el tiempo suficiente para que nadie se atreviera a interpretar el milagro como un fraude o como un simple caso de catalepsia.
11:7, 8 Los discípulos eran conscientes de que la animosidad contra Jesús era tan grande que su regreso podría traer como resultado su muerte, debido a las intenciones homicidas de los judíos (cp. 8:59; 10:31).
11:9, 10 Mientras el sol brillara, las personas podían trabajar con seguridad en su luz, mas al llegar la noche interrumpían sus actividades. No obstante, este dicho proverbial tenía un significado más profundo. Mientras el Hijo hiciera la voluntad de su Padre (i. e. durante el período diurno de luz que fue el tiempo en que pudo ejercer su ministerio), Él estaría libre de peligro. Pronto llegaría la fase nocturna en la que, por designio perfecto de Dios, su obra en la tierra llegaría a su fin y Él “tropezaría” en su muerte. Jesús les explicó que mientras Él siguiera en la tierra haciendo la voluntad de Dios, incluso en los últimos instantes de su ministerio, Él podría desplazarse con plena seguridad para cumplir los propósitos de Dios.
11:11–13 duerme. Un término blando en el NT para referirse a la muerte, en particular la de los creyentes cuyo cuerpo será resucitados para vida eterna (cp. 1 Co. 11:30; 15:51; 1 Ts. 4:13).
11:14, 15 La resurrección de Lázaro tenía el propósito de fortalecer la fe de sus discípulos en Él como el Mesías y el Hijo de Dios en medio del fuerte rechazo de los judíos que se le oponían.
11:16 Las palabras de Tomás reflejan devoción leal y al mismo tiempo pesimismo por el hecho de que quizá todos ellos morirían. Sus temores no eran infundados en vista de la hostilidad amarga contra Jesús, y si el Señor no los hubiera protegido en el huerto (18:1–11), ellos también habrían sido arrestados y ejecutados Cp. 20:24–29.
11:17 en el sepulcro. Se refiere a una tumba de piedra. En Palestina eran bastante comunes. Se utilizaban cuevas o se abrían huecos en las elevaciones rocosas, tras lo cual se allanaba el suelo y se dejaba una inclinación leve. En esa misma área se cavaban otras fosas para sepultar más familiares. Siempre se rodaba sobre la abertura una piedra pesada para impedir la entrada de animales salvajes o profanadores de tumbas (vea también el v. 38). El evangelista hizo mención especial del cuarto día (vea la nota sobre el v. 3) con el fin de subrayar la magnitud del milagro, porque los judíos no embalsamaban y en ese momento el cuerpo se encontraría en un estado de descomposición rápida.
11:18, 19 Lo que implican estos versículos es que la familia gozaba de cierta distinción en la comunidad. La mención de los judíos también hace que el lector comprenda el gran riesgo que Jesús corrió al acercarse tanto a Jerusalén, hervidero del odio en su contra por parte de los líderes.
11:21 si hubieses estado aquí. Cp. el v. 32. No es una queja ni una reprensión a Jesús, sino un testimonio de su confianza en su poder para sanar.
11:22 todo lo que pidas a Dios. Con base en su declaración en el v. 39, ella no dijo que creyera en que Jesús podía levantar a Lázaro de entre los muertos, sino que estaba al tanto de la relación especial que Él tenía con Dios, razón por la cual sus oraciones podían traer algún bien en medio de este suceso lamentable.
11:25, 26 Esta es la quinta en una serie de siete grandes declaraciones de Jesús que comienzan con la frase “Yo soy” (vea 6:35; 8:12; 10:7, 9; 10:11, 14). Con esta declaración, Jesús hizo pasar a Marta de una creencia abstracta en la resurrección que tendrá lugar “en el día postrero” (cp. 5:28, 29) a una confianza personalizada en aquel quien es el único que puede levantar a los muertos. Ni la resurrección ni la vida eterna existen sin la intervención del Hijo de Dios. El tiempo (“en el día postrero”) no es barrera para aquel quien posee el poder de la resurrección y la vida (1:4), por lo cual Él puede dar vida en cualquier momento y a quien quiera.
11:27 Le dijo. Su confesión expresa la razón misma por la que Juan escribió este Evangelio inspirado (cp. 20:30, 31). Vea la confesión de Pedro en Mateo 16:16.
11:32 Vea la nota sobre el v. 21.
11:33 los judíos que la acompañaban, también llorando. De acuerdo con la tradición oral judía, en todo funeral hasta las familias pobres debían contratar a por lo menos dos flautistas y una plañidera profesional para que hicieran lamento por el muerto. Puesto que se trataba de una familia acomodada, parece que estaba presente un grupo considerable. se estremeció en espíritu y se conmovió. Aquí la frase no alude a una simple sensación profunda o a que Jesús estuviera conmovido por lo que veía. El término griego que aquí se traduce “se estremeció” siempre se aplica a sensaciones de enojo, indignación o exacerbación (vea el v. 38; cp. Mt. 9:30; Mr. 1:43; 14:5). Lo más probable es que Jesús estuviera airado frente a la tristeza emotiva pero superficial de las personas, ya que revelaba de forma implícita su incredulidad en la resurrección y la naturaleza provisional de la muerte. Las personas allí reunidas actuaban como si fueran paganas carentes de esperanza (1 Ts. 4:13). Aunque la tristeza es algo comprensible, el grupo actuó sin esperanza y así expresó una negación tácita de la resurrección y las Escrituras que la prometen. Jesús también pudo haber sentido enojo por el dolor y la tristeza que el pecado imponía a la condición humana en general y a la muerte en particular.
11:35 Jesús lloró. Aquí la palabra griega tiene la connotación de un sollozo en silencio que produce lágrimas emotivas, a diferencia de los lamentos y alaridos, muchos de ellos fingidos, por parte del séquito fúnebre (vea el v. 33). Sus lágrimas no se debieron a que sintiera tristeza por Lázaro, ya que estaba a punto de resucitarlo, sino por la condición de un mundo caído e inmerso en el pecado, la causa real de tanta desolación y muerte. Sin lugar a dudas Él fue un “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Is. 53:3).
11:39 hiede. Los judíos no tenían por costumbre embalsamar el cadáver, sino que utilizaban especias aromáticas para contrarrestar un poco el hedor de un cuerpo en descomposición. Para esto, lo envolvían en varios lienzos de tela y añadían especias en cada vuelta y pliegue. Este envoltorio no era apretado como el de las momias egipcias, y la cabeza se envolvía por separado. Esto lo indica el hecho de que Lázaro pudo salir del sepulcro antes de ser desatado por completo del sudario (v. 44; cp. 20:7).
11:41, 42 La oración de Jesús no era en realidad una petición, sino acción de gracias al Padre. La razón para el milagro era autenticar sus declaraciones en el sentido de que era el Mesías y el Hijo de Dios.
11:43 Este fue un anticipo del poder que sería desplegado a plenitud en la resurrección final, cuando todos los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y vivan (5:25, 28, 29).
11:45, 46 La enseñanza y las acciones de Jesús dividieron en muchas ocasiones a los judíos (p. ej. 6:14, 15; 7:10–13; 45–52). Mientras que algunos creyeron (cp. el v. 40), otros al parecer con intención maliciosa, informaron a los fariseos sobre la acción de Jesús.
11:47 reunieron el concilio. Alertado por los fariseos, un comité del sanedrín compuesto por principales sacerdotes (aquellos que habían sido sumos sacerdotes en el pasado y varios miembros de sus familias) y fariseos, convocaron una sesión extraordinaria del sanedrín. Los fariseos no podían por sí mismos emprender alguna acción judicial contra Jesús. Aunque estaba sujeto a control romano, el sanedrín era la máxima entidad jurídica en Israel y ejercía todo el poder judicial, legislativo y ejecutivo en aquel momento histórico. En el tiempo de Jesús, el sanedrín con sus setenta miembros era dominado por los principales sacerdotes, y casi todos los sacerdotes eran saduceos. Los fariseos constituían una minoría influyente. Aunque los fariseos y los saduceos solían tener enfrentamientos frecuentes, su odio mutuo hacia Jesús los unió en las acciones descritas en estos capítulos.
11:48 vendrán los romanos. Los judíos no estuvieron dispuestos a creer en Jesús como el Hijo de Dios así Lázaro hubiera sido resucitado. Temían que las expectativas mesiánicas crecieran a tal punto que se creara un movimiento en contra de la opresión y la ocupación del Imperio Romano, lo cual ocasionaría en últimas la pérdida de todos los derechos y las libertades que los romanos les permitían tener.
11:49 Caifás. Caifás se convirtió en sumo sacerdote en 18 d.C. tras ser nombrado por el prefecto romano Valerio Grato en lugar de su suegro Anás, quien había ejercido la misma función entre 7 y 14 d.C., y que aun después de su gestión ejerció gran influencia sobre el cargo (vea 18:12–14). Caifás permaneció en el puesto hasta 36 d.C., año en el que fue removido por los romanos junto a Poncio Pilato. Desempeñó un papel protagónico en el juicio y la condena de Jesús. En su corte o palacio, los principales sacerdotes (saduceos) y los fariseos se reunieron “y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarlo” (vea Mt. 26:3, 4).
11:50 que un hombre muera por el pueblo. Solo quiso dar a entender que Jesús debería ser ejecutado con el fin de proteger su propia situación y su nación de cualquier represalia romana, pero sin proponérselo, Caifás usó el lenguaje propio de la expiación por sacrificio sustitutivo y profetizó la muerte de Cristo por los pecadores. Cp. 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:24.
11:51 profetizó. Caifás no reconoció todo lo que implicaban sus palabras. Aunque pronunció blasfemias contra Cristo, Dios parodió su declaración atrevida y la convirtió en gloriosa verdad bíblica (cp. Sal. 76:10). La responsabilidad por la intención malvada de sus palabras recayó en Caifás, pero la providencia de Dios dirigió la selección de palabras con el fin de expresar el corazón del plan glorioso de salvación de Dios (Hch. 4:27, 28). En realidad fue usado por Dios como profeta porque era el sumo sacerdote, y en el orden original el sumo sacerdote era el instrumento usado por Dios para revelar su voluntad (2 S. 15:27).
11:52 para congregar en uno a los hijos de Dios. En contexto, esto hacía referencia a los judíos creyentes que estaban dispersos por el mundo y que un día serían congregados en la Tierra Prometida para participar del reino de Dios (Is. 43:5; Ez. 34:12). En un sentido más amplio, esto también anticipaba la misión a los gentiles (vea 12:32). Como resultado del sacrificio, muerte y resurrección de Cristo, tanto judíos como gentiles fueron juntados en un solo cuerpo, la iglesia (Ef. 2:11–18).
11:53 desde aquel día. La frase indica que su curso de acción en contra de Jesús quedó determinado. Solo les faltaba llevarlo a cabo. Note que Jesús no fue arrestado para ser juzgado porque los judíos ya lo habían juzgado culpable de blasfemia. El juicio fue una simple formalidad para aplicar una sentencia que ya se había dictado (Mr. 14:1, 2).
11:54 Efraín. Una referencia probable a la ciudad de “Efraín con sus aldeas” en el AT (vea 2 Cr. 13:19). El nombre de esta población en la actualidad es Et-Taiyibé y está ubicada 6,5 km al NE de Betel y a unos 19 km de Jerusalén. Estaba alejada lo suficiente para proveer seguridad temporal hasta el tiempo de la Pascua (v. 55).
11:55 pascua. Esta es la tercera Pascua que se menciona en Juan (vea 2:13; 6:4) y la última en el ministerio terrenal de Jesús, en la cual tuvo lugar su sacrificio y muerte. Sobre la cronología de la semana de Pascua, vea la Introducción a Lucas: Bosquejo.
11:56 buscaban a Jesús. Los judíos que colmaron la ciudad de Jerusalén para la Pascua se preguntaban si Jesús se manifestaría en esta ocasión y procuraban encontrarlo por todos lo medios. El complot de los principales sacerdotes y los fariseos (vea el v. 47; 17:12) se había dado a conocer a tal punto que todos sentían curiosidad para ver si Jesús se arriesgaría a dejarse ver en Jerusalén.
11:57 si alguno supiese. Los maquinadores se aseguraron que la ciudad entera estuviera llena de informantes en potencia.
