John 1 - Biblia de Estudio MacArthur

1:1 En el principio. A diferencia de 1 Juan 1:1, donde Juan empleó una frase similar (“desde el principio”) para referirse al punto de partida del ministerio de Jesús y su predicación del evangelio, esta frase establece un paralelo con Génesis 1:1 que utiliza la misma frase. Juan utilizó esas palabras en un sentido absoluto para hacer referencia al universo material de tiempo y espacio. era. El verbo resalta la existencia eterna del Verbo, i. e. Jesucristo. Antes que existiera el universo, la segunda persona de la Trinidad siempre existió o siempre fue (cp. 8:58). Esta palabra se utiliza en contraste con la expresión “fue hecho” (y “fueron hechas”) en el v. 3 que apunta hacia un comienzo definido en el tiempo. Debido que el tema de Juan es Jesucristo como Dios eterno y segunda persona de la Trinidad, él no incluyó una genealogía como lo hicieron Mateo y Lucas. Aunque en términos de su humanidad Jesús contaba con una genealogía humana, en términos de su deidad Él no tuvo genealogía en absoluto. el Verbo. Juan prestó el uso del término “verbo” no solo del vocabulario del AT, sino también de la filosofía griega, en la que este término era en esencia impersonal y aludía al principio racional de “razón divina”, “mente” o incluso “sabiduría”. Sin embargo, Juan imbuyó ese término con significados propios del AT y de la teología cristiana (p. ej. Gn. 1:3 donde la Palabra de Dios trae a existencia el mundo, y Sal. 33:6, 107:20 y Pr. 8:27 donde la Palabra de Dios es su expresión poderosa de sí mismo en creación, revelación y salvación). Juan aplicó el término como referencia exclusiva a la persona de Jesucristo. Por lo tanto, el uso de la palabra en la filosofía griega no es el único contexto del pensamiento de Juan. En sentido estratégico, la expresión del “Verbo” sirve como puente conceptual y lingüístico que no solo alcanza a los judíos, sino también a los griegos no salvos. Juan eligió este concepto porque tanto judíos como griegos estaban familiarizados con él. el Verbo era con Dios. El Verbo, como la segunda persona de la Trinidad, había estado en comunión íntima con Dios el Padre durante toda la eternidad. Aunque el Verbo disfrutó los esplendores del cielo y la eternidad con el Padre (Is. 6:1–13; cp. 12:41; 17:5), Él renunció por voluntad propia a su posición suprema en el cielo para adoptar la forma de hombre y ser sometido a muerte en una cruz romana (vea las notas sobre Fil. 2:6–8). era Dios. La conjugación griega recalca que el Verbo poseía toda la esencia o los atributos de la deidad, es decir, Jesús el Mesías era Dios a plenitud (cp. Col. 2:9). Incluso en su encarnación al despojarse o vaciarse de sí mismo, Él no dejó de ser Dios, sino que adquirió el cuerpo y la naturaleza de un ser humano auténtico y por voluntad propia, se abstuvo de hacer un ejercicio independiente de sus atributos divinos.
1:1–18 Estos versículos constituyen el prólogo que introduce muchos de los temas principales que Juan tratará, en especial el tema principal de que “Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios” (vv. 12–14, 18; cp. 20:31). Varias palabras clave que se repiten a lo largo del Evangelio (p. ej. vida, luz, testigo, gloria) aparecen aquí. El resto del Evangelio desarrolla el tema del prólogo para establecer de qué manera el “Verbo” eterno de Dios, Jesús el Mesías y el Hijo de Dios, se encarnó para convertirse en ser humano y ministrar entre los hombres a fin de que todos los que creyeran en Él fueran salvos. Aunque Juan escribió el prólogo con el vocabulario más sencillo del NT, las verdades que transmite en el prólogo son las más profundas. Seis verdades básicas acerca de Cristo como el Hijo de Dios se introducen en el prólogo: 1) el Cristo eterno (vv. 1–3), 2) el Cristo encarnado (vv. 4, 5), 3) el precursor de Cristo (vv. 6–8), 4) el Cristo no reconocido (vv. 9–11), 5) el Cristo Omnipotente (vv. 12, 13) y 6) el Cristo glorioso (vv. 14–18).
1:3 Todas las cosas por él fueron hechas. Jesucristo fue el agente de Dios el Padre que participó en la creación de todas las cosas en el universo (Col. 1:16, 17; He. 1:2).
1:4, 5 vida… luz… tinieblas. Juan presenta aquí los temas paralelos que ocurren a lo largo de su Evangelio. La “vida” y la “luz” son cualidades del Verbo que no solo son intrínsecas y comunes a la Trinidad (5:26), sino que también se pueden extender a quienes responden al mensaje del evangelio acerca de Jesucristo (8:12; 9:5; 10:28; 11:25; 14:6). Juan emplea la palabra “vida” unas treinta y seis veces en su Evangelio, mucho más que cualquier otro libro del NT. No solo se refiere en un sentido amplio a la vida física y temporal que el Hijo impartió al mundo creado mediante su participación activa como el agente de la creación (v. 3), sino de manera especial a la vida espiritual y eterna impartida como don divino a través de la fe en Él (3:15; 17:3; Ef. 2:5). En las Escrituras “luz” y “tinieblas” son símbolos muy familiares. En sentido intelectual, “luz” se refiere a la verdad bíblica y “tinieblas” a error o falsedad (cp. Sal. 119:105; Pr. 6:23). En sentido moral, “luz” se refiere a santidad o pureza (1 Jn. 1:5) mientras que “tinieblas” alude a pecado o maldad (3:19; 12:35, 46; Ro. 13:11–14; 1 Ts. 5:4–7; 1 Jn. 1:6; 2:8–11). El concepto de “tinieblas” tiene especial relevancia en relación con Satanás y sus legiones de demonios, los cuales ejercen dominio sobre el mundo presente de tinieblas espirituales (1 Jn. 5:19) como el “príncipe de la potestad del aire” (Ef. 2:2) y “principados”, “potestades” y “gobernadores de las tinieblas de este siglo” (Ef. 6:12) que promueven la tenebrosidad espiritual y la rebelión contra Dios. Juan usa el término “tinieblas” en catorce ocasiones (ocho en el Evangelio y seis en 1 Jn.), el cual ocurre un total de diecisiete veces en el NT y podría decirse que es una expresión casi exclusiva de Juan. En este evangelio “luz” y “vida” tienen significado especial en su relación con el Señor Jesucristo, el Verbo de Dios (v. 9; 9:5; 1 Jn. 1:5–7; 5:12, 20).
1:5 prevalecieron. Algunas versiones incluyen la traducción literal “no le abarcaron” o “comprendieron”, pero el contexto determina que se trata de un enfrentamiento espiritual. Las tinieblas no pueden prevalecer sobre la luz ni conquistarla. Así como una sola vela puede sobreponerse a toda una habitación inmersa en la oscuridad, los poderes de las tinieblas son abrumados y derrotados por la persona y la obra del Hijo a través de su muerte en la cruz (cp. 19:11a).
1:6 enviado de Dios. Como precursor de Jesús, Juan debía dar testimonio de Él como Mesías e Hijo de Dios. Con el ministerio de Juan, el período de cuatrocientos años de “silencio” entre el final del AT y el comienzo del NT, durante el cual Dios no dio revelación nueva, llegó a su fin. Juan. El nombre “Juan” siempre se refiere a Juan el Bautista en este Evangelio y nunca al apóstol Juan. El escritor de este Evangelio lo llama Juan sin añadir su título “el Bautista”, a diferencia de los otros Evangelios que usan la descripción adicional para identificarle (Mt. 3:1; Mr. 1:4; Lc. 7:20). Además, Juan el apóstol (o el hijo de Zebedeo) nunca se identificó a sí mismo por nombre propio en el Evangelio, aunque fue uno de los tres asociados más íntimos de Jesús (Mt. 17:1). Este silencio es un argumento sólido en el sentido de que Juan el apóstol fue el autor de este Evangelio y sus lectores sabían muy bien que él había redactado el Evangelio que lleva su nombre. Más sobre Juan el Bautista, cp. Mateo 3:1–6; Marcos 1:2–6; Lucas 1:5–25, 57–80.
1:7 testimonio… diese testimonio. Las expresiones “testimonio” y “dar testimonio” reciben atención especial en este Evangelio, porque reflejan el lenguaje judicial propio del AT, donde la verdad de un asunto debía establecerse con base en la evidencia de múltiples testigos (8:17, 18; cp. Dt. 17:6; 19:15). Juan el Bautista no fue el único que dio testimonio acerca de Jesús como Mesías e Hijo de Dios (vv. 19–34; 3:27–30; 5:35), sino que hubo también otros testigos: 1) la mujer samaritana (4:29), 2) las obras de Jesús (10:25), 3) el Padre (5:32–37), 4) el AT (5:39, 40), 5) la multitud (12:17) y 6) el Espíritu Santo (15:26, 27). a fin de que todos creyesen por él. Aquí “él” no se refiere a Cristo, sino a Juan como el agente que dio testimonio de Cristo. El propósito de su testimonio fue producir fe en Jesucristo como el Salvador del mundo.
1:8 No era él la luz. Mientras que Juan el Bautista fue el agente de la creencia, Jesucristo es el objeto de la fe. Aunque la persona y el ministerio de Juan tuvieron importancia vital (Mt. 11:11), él se limitó a ser el precursor que anunció la venida del Mesías. Muchos años después del ministerio y la muerte de Juan, algunos no entendían todavía la función subordinada de Juan con respecto a Jesús (Hch. 19:1–3).
1:9 Aquella luz verdadera… venía a este mundo. También se puede traducir: “esta era la luz verdadera que al venir al mundo, da luz a todo hombre”, porque las palabras “venía a este mundo” tienen conexión gramatical a “luz” y no a “todo hombre”. Esto resalta la encarnación de Jesucristo (v. 14; 3:16). que alumbra a todo hombre. A través del poder soberano de Dios, todo hombre tiene luz suficiente para ser responsable. Dios ha plantado su conocimiento en el hombre mediante la revelación general en la creación y en la conciencia. Ahora bien, como resultado de la revelación general no se produce la salvación, sino que más bien este conocimiento nos lleva a la luz completa de Jesucristo o produce condenación en aquellos que le rechazan como la “luz” (vea las notas sobre Ro. 1:19, 20; 2:12–16). La venida de Jesucristo fue el cumplimiento y la encarnación de esa luz que Dios había puesto dentro del corazón del hombre. este mundo. El sentido básico de esta palabra griega cuyo modo verbal significa “adornar”, está ilustrado en 1 Pedro 3:3 y en usos actuales como “cosmético”. Mientras que se usa en el NT un total de ciento ochenta y cinco veces, Juan tenía una atracción singular hacia este término porque lo usó setenta y ocho veces en su Evangelio, veinticuatro veces en 1 a 3 Juan y tres en Apocalipsis. Juan le asigna diversas tonalidades de significado: 1) el universo físico creado (v. 9; cp. el v. 3; 21:24, 25), 2) la humanidad en general (3:16; 6:32, 51; 12:19) y 3) el sistema espiritual invisible de maldad dominado por Satanás y todo lo que ofrece en oposición a Dios, su Palabra y su pueblo (3:19; 4:42; 7:7; 14:17, 22, 27, 30; 15:18, 19; 16:8, 20, 33; 17:6, 9, 14; cp. 1 Co. 1:21; 2 Co. 4:4; 2 P. 1:4; 1 Jn. 5:19). El tercer concepto constituye el nuevo uso que adquiere el término en el NT y que predomina en Juan. De este modo, en la mayoría de las ocasiones en las que Juan emplea la palabra, esta presenta un matiz negativo.
1:11 lo suyo… los suyos. La primera referencia a “lo suyo” corresponde al mundo de la humanidad en general, mientras que la segunda corresponde a la nación judía. Como Creador, el mundo pertenece al Verbo como su propiedad pero el mundo ni siquiera lo reconoció debido a su ceguera espiritual (cp. también el v. 10). Juan usó la reiteración de “los suyos” en un sentido más concreto para referirse al propio linaje físico de Jesús, los judíos. Aunque ellos poseían las Escrituras que daban testimonio de su persona y su venida, optaron por no aceptarlo (Is. 65:2, 3; Jer. 7:25). Este tema del rechazo judío hacia su Mesías prometido recibe atención especial en el Evangelio de Juan (12:37–41).
1:12 a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre. La segunda frase describe la primera. Recibir a aquel quien es el Verbo de Dios significa reconocerlo conforme a todo lo que Él afirma sobre sí mismo, depositar toda la fe en Él y así demostrar sujeción y lealtad incondicionales a Él. su nombre. Denota el carácter de la persona misma. Vea las notas sobre 14:13, 14. dio. Este término recalca el carácter de la gracia de Dios que es indispensable en el regalo de la salvación (cp. Ef. 2:8–10). potestad. Quienes reciben a Jesús, el Verbo, reciben todo el derecho y la autoridad para reclamar el título exaltado de “hijos de Dios”.
1:12, 13 Estos versículos presentan un contraste con los vv. 10, 11. Juan mitiga la noción de un rechazo generalizado del Mesías al llamar la atención un remanente de creyentes. Esto sintetiza el contenido del libro, ya que los primeros doce capítulos describen el rechazo a Cristo mientras que los capítulos 13 al 21 se enfocan en el remanente de creyentes que lo recibieron.
1:13 de Dios. El lado divino de la salvación: en últimas no depende de la voluntad de un hombre que se produzca la salvación, sino de la voluntad de Dios (cp. 3:6–8; Tit. 3:5; 1 Jn. 2:29).
1:14 aquel Verbo fue hecho carne. Mientras que Cristo como Dios fue eterno y nunca creado (vea las notas sobre el v. 1), la expresión “fue hecho” confirma que Cristo adoptó la naturaleza humana (cp. He. 1:1–3; 2:14–18). Esta realidad es sin duda alguna la más profunda e inescrutable en toda la historia porque indica que el Infinito se volvió finito, el Eterno se conformó al tiempo, el Invisible se hizo visible y el Sobrenatural se redujo a sí mismo a lo natural. Sin embargo, en la encarnación el Verbo no dejó de ser Dios, sino que se volvió Dios en carne humana, (i. e. deidad) sin disminución alguna en forma humana como varón o segundo Adán (1 Ti. 3:16; 1 Co. 15:45). habitó. El significado literal es “montar un tabernáculo” o “vivir en una tienda”. El término trae a la mente el tabernáculo del AT donde Dios se reunió con Israel antes de que el templo fuera construido (Éx. 25:8). Fue llamado el “Tabernáculo de reunión” (Éx. 33:7, o “tabernáculo del testimonio” en la Septuaginta) y allí “hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éx. 33:11). En el NT Dios optó por habitar entre su pueblo de una forma mucho más personal al convertirse en un ser humano. En el AT al quedar terminado el tabernáculo, la presencia Shekiná de Dios llenó toda la estructura (Éx. 40:34; cp. 1 R. 8:10). Al encarnarse el Verbo, la presencia gloriosa de la deidad quedó incorporada en Él (cp. Col. 2:9). vimos su gloria. Aunque su deidad pudo haber sido velada en carne humana, quedaron vislumbres de su majestad divina en los Evangelios. Los discípulos vieron los fulgores de su gloria en el Monte de la Transfiguración (Mt. 17:1–8). Ahora bien, la contemplación de la gloria de Cristo no solo fue visible, sino también espiritual. Ellos lo vieron desplegar los atributos o características de Dios (gracia, bondad, misericordia, sabiduría, verdad y más. Cp. Éx. 33:18–23). gloria como del… Padre. Jesús como Dios manifestó la misma gloria esencial que el Padre. Ellos son uno solo en naturaleza esencial (cp. 5:17–30; 8:19; 10:30). unigénito. El término “unigénito” es una traducción aproximada de la palabra griega, la cual no proviene de un vocablo que aluda a progenitura, sino que más bien alude a la noción de “único ser amado”. Por lo tanto, se refiere a un concepto único de singularidad, de ser amado como ningún otro. Juan utilizó el término para hacer hincapié en el carácter exclusivo de la relación que existe entre el Padre y el Hijo en la Trinidad (cp. 3:16, 18; 1 Jn. 4:9). No connota origen, sino más bien preeminencia mutua, única y exclusiva. Por ejemplo, se empleó con referencia a Isaac (He. 11:17) quien fue el segundo hijo de Abraham (Ismael fue el primero, cp. Gn. 16:15 con Gn. 21:2, 3). lleno de gracia y de verdad. Es probable que Juan tuviera Éxodo 33, 34 en mente. En aquella ocasión, Moisés solicitó a Dios que le mostrara su gloria. El Señor contestó a Moisés que haría pasar “todo [su] bien” delante de él, y al hacerlo declaró: “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Éx. 33:18, 19; 34:5–7). Estos atributos de la gloria de Dios resaltan la bondad del carácter de Dios, en especial con respecto a la salvación. Jesús como Yahweh del AT (8:58, “yo soy”) desplegó los mismos atributos divinos al establecer su tabernáculo entre los hombres en la era del NT (Col. 2:9).
1:15 El testimonio de Juan el Bautista corrobora la declaración del apóstol Juan en cuanto a la eternidad del Verbo encarnado (cp. v. 14).
1:16 gracia sobre gracia. Esta expresión recalca la sobreabundancia de gracia que ha sido extendida por Dios a la humanidad, en especial a los creyentes (Ef. 1:5–8; 2:7).
1:17, 18 Como corroboración de la verdad profunda expresada en el v. 14, estos versículos presentan un contraste final con el resto del prólogo. La ley, dada a Moisés, no fue una demostración de la gracia de Dios, sino de su demanda justa de santidad. Dios diseñó la ley como un medio para demostrar la injusticia del hombre con el propósito de hacer evidente la necesidad de un Salvador, Jesucristo (Ro. 3:19, 20; Gá 3:10–14, 21–26). Además, la ley solo revelaba una parte de la verdad que por naturaleza era preparatoria. La realidad de la verdad plena hacia la cual apuntaba la ley vino a través de la persona de Jesucristo.
1:18 que está en el seno del Padre. Esta expresión denota la intimidad, amor y conocimiento mutuos que existen en Dios (13:23; Lc. 16:22, 23). dado a conocer. Los teólogos derivaron el término “exégesis” o “interpretar” de esta palabra. Juan quiso decir que todo lo que Jesús es y hace interpreta y explica quién es y qué hace Dios (14:8–10).
1:19 Juan. Juan había nacido en una familia sacerdotal y esto le hacía miembro de la tribu de Leví (Lc. 1:5). Él comenzó su ministerio en el valle del Jordán a la edad aproximada de veintinueve o treinta años, y proclamó con denuedo la necesidad de arrepentimiento y preparación espiritual para la venida del Mesías. Fue primo de Jesucristo y sirvió como su precursor profético (Mt. 3:3; Lc. 1:5–25, 36). los judíos… de Jerusalén. Esto puede referirse al sanedrín, el principal ente gubernamental de la nación judía. El sanedrín era controlado por la familia del sumo sacerdote, así que sus enviados tendrían que ser sacerdotes y levitas que estaban interesados en el ministerio de Juan, tanto en su mensaje como en su bautismo.
1:19–37 En estos versículos Juan presentó el primero de muchos testigos para probar que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios, con el objetivo de consolidar su tema principal (20:30, 31). El testimonio de Juan el Bautista fue dado en tres días diferentes a tres grupos distintos (cp. los vv. 29, 35, 36). En cada oportunidad habló de Cristo desde una perspectiva diferente para resaltar distintos aspectos suyos. Los acontecimientos descritos en estos versículos tuvieron lugar entre 26 y 27 d.C., tan solo unos meses después del bautismo de Jesús por parte de Juan (cp. Mt. 3:13–17; Lc. 3:21, 22).
1:20 Yo no soy el Cristo. Algunos pensaban que Juan era el Mesías (Lc. 3:15–17). Cristo. El término “Cristo” es el equivalente griego del nombre hebreo para “Mesías”.
1:21 ¿Eres tú Elías? En Malaquías 4:5 (vea la nota allí) se promete que el profeta Elías regresará antes de que el Mesías establezca su reino sobre la tierra. Por eso se preguntaban si Juan, como precursor del Mesías, sería Elías mismo. El ángel que anunció el nacimiento de Juan dijo que Juan iría delante de Jesús “con el espíritu y el poder de Elías” (Lc. 1:17), lo cual indica que sería otra persona y no el mismo Elías quien cumpliría la profecía. Dios envió a Juan y tanto él como Elías tuvieron el mismo tipo de ministerio, la misma clase de poder y hasta personalidades similares (2 R. 1:8; cp. Mt. 3:4). Si hubieran recibido a Jesús como Mesías, Juan habría cumplido esa profecía (vea las notas sobre Mt. 11:14; Mr. 9:13; Lc. 1:17; Ap. 11:5, 6). ¿Eres tú el profeta? Esta es una referencia a Deuteronomio 18:15–18, donde se predijo que Dios levantaría a un gran profeta como Moisés, quien sería su vocero en la tierra. Aunque algunos en el tiempo de Jesús interpretaron que esta profecía se refería a otro precursor del Mesías, el NT (Hch. 3:22, 23; 7:37) aplica el pasaje a Jesús.
1:23 Juan citó y aplicó Isaías 40:3 a Él mismo (cp. Mt. 3:3; Mr. 1:3; Lc. 3:4). En el contexto original de Isaías 40:3, el profeta oyó una voz que hacía un llamado a la preparación de un sendero derecho que atravesara el desierto oriental para que el Dios de Israel guiara a su pueblo de regreso a la Tierra Prometida tras su exilio en Babilonia. Este llamado fue una imagen profética que anticipaba el regreso final y más grandioso de Israel a su Dios desde la alienación y las tinieblas espirituales a través de la redención espiritual obrada por el Mesías (cp. Ro. 11:25–27). En su humildad, Juan se identificó a sí mismo como una voz antes que como persona, para así enfocar la atención exclusiva de todos en Cristo (cp. Lc. 17:10).
1:25 bautizas. Puesto que Juan se había identificado como una simple voz (v. 24), algunos pusieron en duda su autoridad para bautizar. El AT asociaba la venida del Mesías con arrepentimiento y purificación espiritual (Ez. 36, 37; Zac. 13:1). Juan se concentró en su función como precursor del Mesías, y empleó el bautismo tradicional de prosélitos como un símbolo de la necesidad de reconocer a los judíos que estaban por fuera del pacto de salvación de Dios, como también era el caso de los gentiles. Ellos también necesitaban limpieza y preparación espiritual (i. e. arrepentimiento como también se menciona en Mt. 3:11, Mr. 1:4 y Lc. 3:7, 8) para el advenimiento del Mesías. Vea las notas sobre Mateo 3:6, 11, 16, 17 para una explicación de la importancia y el significado del bautismo de Juan.
1:27 Las palabras de Juan el Bautista continúan aquí el tema de la preeminencia del Mesías que viene desde el prólogo (vv. 6–8, 15) y demuestran una humildad extraordinaria. Cada vez que Juan tuvo la oportunidad de convertirse en protagonista a raíz de estos encuentros, se aseguró de siempre dirigir la atención al Mesías. Lo hizo a tal extremo, que en su humildad llegó a afirmar que a diferencia de un esclavo a quien se impone el deber de quitar el calzado de su amo, él ni siquiera se consideraba digno de realizar esta acción en relación con el Mesías.
1:28 Betábara. Esta palabra ha sido substituida por “Betania”, que se encuentra en el texto original porque algunos consideran que Juan se equivocó al identificar Betania como el lugar de estos acontecimientos. La solución es que existían dos poblaciones conocidas como Betania, la primera cerca de Jerusalén donde vivían María, Marta y Lázaro (11:1) y la segunda “al otro lado del Jordán” cerca a la región de Galilea. Como Juan se esmeró en reseñar la cercanía de la otra Betania a Jerusalén, lo más probable es que se refiriera aquí a la otra población con el mismo nombre.
1:29 El siguiente día. Esta frase puede ser una referencia al día siguiente de la respuesta que Juan dio a la delegación de Jerusalén. También indica una secuencia de días (v. 43; 2:1) que culminó en el milagro en Caná (2:1–11). el Cordero de Dios. El uso de un cordero para el sacrificio era muy común para los judíos, quienes utilizaban un cordero como sacrificio durante la Pascua (Éx. 12:1–36). En las profecías de Isaías un cordero sería llevado al matadero (Is. 53:7) y en los sacrificios diarios de Israel se ofrecía un cordero (Lv. 14:12–21; cp. He. 10:5–7). Juan el Bautista usó esta expresión como una referencia al sacrificio máximo y definitivo de Jesús en la cruz para hacer expiación por los pecados del mundo, un tema que Juan el apóstol trata en todos sus escritos (19:36; cp. Ap. 5:1–6; 7:17; 17:14) y que aparece en otros escritos del NT (p. ej. 1 P. 1:19). pecado del mundo. Vea la nota sobre el v. 9; cp. 3:16; 6:33, 51. En este contexto “mundo” tiene la connotación de humanidad en general y no de cada persona de manera específica. El uso del singular “pecado” conectado a “del mundo” indica que el sacrificio de Jesús por el pecado tiene la potencialidad de alcanzar a todos los seres humanos sin distinción (cp. 1 Jn. 2:2). Sin embargo, Juan deja en claro que su efecto real para salvación solo puede aplicarse a quienes reciben a Cristo (vv. 11, 12). Sobre una discusión acerca de la relación entre la muerte de Cristo y el mundo, vea la nota sobre 2 Corintios 5:19.
1:29–34 Este pasaje trata sobre el testimonio de Juan acerca de Jesús a un segundo grupo de judíos en el segundo día (vea en los vv. 19–28 el primer grupo y día). Esta sección constituye una especie de puente que continúa el tema del testimonio de Juan el Bautista pero también introduce una lista prolongada de títulos aplicados a Jesús: Cordero de Dios (vv. 29, 36), Rabí (vv. 38, 49), Mesías o Cristo (v. 41), Hijo de Dios (vv. 34, 49), Rey de Israel (v. 49), Hijo del Hombre (v. 51) y “aquel de quien escribió Moisés en la ley” (v. 45).
1:31 Y yo no le conocía. Aunque Juan era primo de Jesús, no conocía a Jesús como el Mesías o como el “varón” que venía después de él aunque había existido antes que él (v. 30).
1:32 al Espíritu que descendía. Dios había comunicado con anterioridad a Juan que esta señal sería la indicación específica del Mesías prometido (v. 33), así que tan pronto Juan fue testigo de este acto, él pudo identificar al Mesías como Jesús (cp. Mt. 3:16; Mr. 1:10; Lc. 3:22).
1:34 el Hijo de Dios. Aunque los creyentes pueden ser llamados “hijos de Dios” en un sentido limitado (p. ej. el v. 12; Mt. 5:9; Ro. 8:14), Juan utiliza toda la intensidad de esta frase como un título especial que apunta a la unidad e intimidad únicas que Jesús como “Hijo” sostiene de forma exclusiva con el Padre. El término incorpora la noción de la deidad de Jesús como Mesías (v. 49; 5:16–30; cp. 2 S. 7:14; Sal. 2:7; vea las notas sobre He. 1:1–9).
1:35–51 Este pasaje incluye el testimonio acerca de Jesús que Juan dio a un tercer grupo compuesto por algunos de los discípulos de Juan, en el tercer día (vea en los vv. 19–28 y 29–34 los grupos primero y segundo en los primeros dos días). Con la misma humildad que exhibió en los encuentros anteriores, Juan enfoca la atención de sus propios discípulos en Jesús (v. 37).
1:37 siguieron a Jesús. Aunque el verbo “seguir” significa por lo general “seguir como un discípulo”, en el estilo literario del apóstol (v. 43; 8:12; 12:26; 21:19, 20, 22), esta palabra también pudo haber tenido un sentido neutral (11:31). El acto de seguir a Jesús aquí no significa que se hubieran convertido en discípulos suyos al instante. Más bien implica que fueron tras Él para examinarlo más de cerca motivados por el testimonio de Juan. Este suceso familiarizó a los discípulos de Juan con Jesús (p. ej. Andrés; 1:40). Más adelante ellos tuvieron la oportunidad de dedicar la vida de cada uno de ellos a Él como discípulos verdaderos al ser llamados por Jesús a un servicio permanente tras estos acontecimientos preparatorios (Mt. 4:18–22; 9:9; Mr. 1:16–20). En este punto de la narración, la presencia de Juan el Bautista es cada vez menor y la atención se enfoca en el ministerio de Cristo.
1:39 la hora décima. Los judíos dividían el período iluminado del día en doce horas que se contaban a partir del amanecer alrededor de las seis de la mañana. Esto ubicaría la hora más o menos a las cuatro de la tarde. La razón por la que Juan menciona el tiempo exacto es que él mismo era el otro discípulo de Juan el Bautista que estaba con Andrés (v. 40). Como testigo ocular de estos sucesos que ocurrieron en el transcurso de tres días seguidos, el primer encuentro de Juan con Jesús cambió tanto su vida que él recordaba la hora exacta en que se relacionó por primera vez con el Señor.
1:41 Mesías. El término “Mesías” es una transliteración de un adverbio hebreo o arameo que significa “el ungido”. Se deriva de un verbo que significa “ungir” y corresponde a una acción que forma parte de la consagración de una persona a un oficio o función especial. Aunque el término se aplicó en un principio al rey de Israel (“el ungido de Jehová”, cp. 1 S. 16:6), al sumo sacerdote (“el sacerdote ungido”, Lv. 4:3) y en un pasaje a los patriarcas (“mis ungidos”, Sal. 105:15), el término se utilizó en últimas para señalar por encima de todo a “aquel” cuya venida estaba profetizada o “el Mesías” en su función única como profeta, sacerdote y rey. El término “Cristo”, una palabra griega o adverbio que proviene de un verbo que significa “ungir”, se utiliza en la traducción del término hebreo, así que los términos “Mesías” o “Cristo” son títulos y no nombres personales de Jesús.
1:42 mirándole Jesús. Jesús conoce a profundidad los corazones (vv. 43–51) y no solo se limita a mirarlos en su interior (vv. 47, 48), sino que también transforma a las personas en lo que Él quiere que lleguen a ser. serás llamado Cefas. Hasta este momento, Pedro había sido conocido como “Simón, hijo de Jonás” (el nombre arameo “Jonás” significa “Juan”; cp. 21:15–17; Mt. 16:17). El término “Cefas” significa “roca” en arameo y se traduce “Pedro” en griego. La asignación del nombre “Cefas” o “Pedro” a Simón por parte de Jesús ocurrió al comienzo de su ministerio (cp. Mt. 16:18; Mr. 3:16). Con esta declaración Jesús no solo predice cómo sería llamado Pedro, sino que también establece la manera como habría de transformar su carácter y usarlo en relación con la fundación de la iglesia (cp. 21:18, 19; Mt. 16:16–18; Hch. 2:144:32).
1:43–51 Esta sección introduce el cuarto día desde el comienzo del testimonio de Juan el Bautista (cp. los vv. 19, 29, 35).
1:44 Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Mientras que Marcos 1:21, 29 ubica la casa de Pedro en Capernaum, Juan relata que él era de Betsaida. La aparente discrepancia se resuelve en el hecho de que Pedro y Andrés crecieron en Betsaida y después se trasladaron a Capernaum, así como también Jesús identificó siempre a Nazaret como su pueblo de infancia, aunque vivió después en otro lugar (Mt. 2:23; 4:13; Mr. 1:9; Lc. 1:26).
1:45 aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas. Esta frase expresa en esencia el mensaje de todo el Evangelio de Juan: Jesús es el cumplimiento de las Escrituras del AT (cp. los v. 21; 5:39; Dt. 18:15–19; Lc. 24:44, 47; Hch. 10:43; 18:28; 26:22, 23; Ro. 1:2; 1 Co. 15:3; 1 P. 1:10, 11; Ap. 19:10).
1:46 ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Natanael era de Caná (21:2), otra aldea en Galilea. Así como los galileos eran menospreciados por los habitantes de Judea, los galileos mismos detestaban a las personas de Nazaret. A la luz de 7:52, el desdén de Natanael pudo haberse centrado en el hecho de que Nazaret era una aldea insignificante y sin relevancia profética aparente (cp. no obstante Mt. 2:23). Más adelante, algunos se referirían con desprecio a los cristianos como “la secta de los nazarenos” (Hch. 24:5).
1:47 no hay engaño. Jesús quiso decir que la franqueza de Natanael le revelaba como un israelita sin doblez de motivos que estaba dispuesto a examinar por sí mismo las afirmaciones que se hacían acerca de Jesús. El término alude a la honestidad de corazón en la búsqueda espiritual. Esta referencia también puede ser una alusión a Génesis 27:35 donde Jacob, a diferencia de Natanael con su sinceridad, fue conocido por su duplicidad y sus maquinaciones. Lo que esto implica es que el uso de artimañas no solo caracterizó a Jacob, sino también a sus descendientes. En la mente de Jesús, un israelita honesto y sincero se había vuelto una excepción en lugar de la norma (cp. 2:23–25).
1:48 te vi. Una breve vislumbre del conocimiento sobrenatural de Jesús, quien no se limitó a hacer una descripción exacta de Natanael (v. 47), sino también reveló información que solo Natanael pudo haber conocido. Quizás Natanael había tenido alguna extraordinaria o transformadora de comunión con Dios en aquel lugar, y pudo reconocer la alusión de Jesús a ella. En cualquier caso, Jesús poseía conocimiento de este acontecimiento que no estaba a disposición de los humanos.
1:49 el Hijo de Dios… el Rey de Israel. La demostración de conocimiento sobrenatural por parte de Jesús y el testimonio de Felipe eliminaron por completo las dudas de Natanael, por esa razón Juan añadió el testimonio de Natanael a esta sección. El uso de “el” frente a “Hijo de Dios” indica con mucha probabilidad que el discípulo entendió su significado e importancia plenos (cp. el v. 34; 11:27). Para Natanael, Jesús era alguien que no podía describirse en simples términos humanos.
1:51 De cierto, de cierto. Cp. 5:19, 24, 25. Una frase que se emplea con frecuencia para recalcar la importancia y la veracidad de la declaración que viene a continuación. el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden. A la luz del contexto del v. 47, este versículo se refiere con mayor probabilidad a Génesis 28:12 donde Jacob soñó acerca de una escalera que bajaba del cielo. Jesús quiso dar a entender a Natanael que así como Jacob experimentó una revelación sobrenatural o enviada del cielo, Natanael y los demás discípulos también experimentarían comunicación sobrenatural que les confirmaría quién era Jesús. Además, el término “Hijo del Hombre” sustituye la escalera en el sueño de Jesús para indicar que Jesús es el único medio de acceso entre Dios y los hombres. Hijo del Hombre. Vea la nota sobre Mateo 8:20. Esta es la designación favorita de Jesús para aludir a Él mismo, ya que fue usada casi siempre por Jesús en más de ochenta ocasiones. En el NT solo se refiere a Jesús y aparece más que todo en los Evangelios (cp. Hch. 7:56). En el cuarto Evangelio la expresión ocurre trece veces y está vinculada por lo general con los temas de crucifixión y sufrimiento (3:14; 8:28) así como revelación (6:27, 53), pero también con autoridad escatológica (5:27; 9:39). Aunque el término puede referirse en ciertas ocasiones a un ser humano o como un sustituto del pronombre personal (6:27; cp. 6:20), adquiere un significado escatológico especial en conexión con Daniel 7:13, 14 donde el “Hijo de hombre” o Mesías viene en gloria para recibir el reino del “Anciano de días” (i. e. el Padre).

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