John 2 - Biblia de Estudio MacArthur

2:1 Al tercer día. Esta frase hace referencia al último suceso relatado, es decir, el llamamiento de Felipe y Natanael (1:43). bodas. En Palestina la celebración de bodas podía extenderse hasta una semana. La responsabilidad financiera le correspondía al novio (vv. 9, 10). El hecho de no tener más vino para ofrecer a sus invitados habría sido una afrenta para el novio y lo expondría a un litigio por parte de los familiares de la novia.
2:1–11 Juan relata la primera gran señal realizada por Jesús para demostrar su deidad, que consistió en convertir el agua en vino. Solo Dios puede crear algo de la nada. Juan describe ocho milagros en su Evangelio que constituyen “señales” o la confirmación de la identidad de Jesús. Cada uno de los milagros fue diferente y único (cp. el v. 11).
2:2 Caná de Galilea. Caná era la ciudad de Natanael (21:2). Se desconoce su ubicación exacta. Es probable que corresponda a Quirbet Cana, un pueblo ubicado unos 14 km al N de Nazaret y que se encuentra en ruinas en la actualidad.
2:2 fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. El hecho de que Jesús, su madre y sus discípulos hayan asistido a la boda sugiere que se trataba de un familiar o un amigo cercano de la familia. Los cinco discípulos que lo acompañaron se nombran en el capítulo 1: Andrés, Simón Pedro, Felipe, Natanael, y uno cuyo nombre no se menciona (1:35), y que sin duda era Juan, otro testigo de este milagro.
2:3 vino. El vino que se servía había sido sometido a fermentación. En el mundo antiguo, no obstante, para calmar la sed sin producir embriaguez, el vino se diluía con agua en una proporción de un tercio y un décimo de su concentración. Dadas las condiciones y el clima, aun el “vino nuevo” se fermentaba con rapidez y era embriagante si no se diluía (Hch. 2:13). Debido a la ausencia de procedimientos de purificación de agua, beber vino mezclado con agua resultaba también más saludable que beber solo agua. Aunque la Biblia condena la embriaguez, no prohíbe el consumo de vino (Sal. 104:15; Pr. 20:1, vea las notas sobre Ef. 5:18).
2:4 Qué tienes conmigo. Esta expresión, común en el idioma semítico (Jue. 11:12; 2 S. 16:10), ponía siempre distancia entre las dos partes y denotaba cierto reproche por parte del que hablaba. El tono de Jesús no fue áspero, pero sí severo. La frase cuestiona lo que hay en común entre las dos partes. El motivo del comentario de Jesús era su convicción del propósito de su misión en la tierra por la cual supeditaba a su cumplimiento todas las actividades. María debía reconocerlo no tanto como el hijo a quien había criado, sino como al Mesías prometido y al Hijo de Dios. Marcos 3:31–35. mujer. El término no es necesariamente descortés, pero produce un distanciamiento entre Jesús y su madre, así como de su petición. Quizá su equivalente sea “señora”. Aún no ha venido mi hora. La frase hace continua referencia a la muerte y la exaltación de Jesús (7:30; 8:20; 12:23, 27; 13:1; 17:1). Él cumplía la agenda divina decretada por Dios antes de la fundación del mundo. Puesto que los profetas habían descrito la era mesiánica como un tiempo en el cual el vino fluiría en abundancia (Jer. 31:12; Os. 14:7; Am. 9:13, 14), Jesús se refería tal vez a la necesidad de la cruz antes de la venida de las bendiciones del milenio.
2:6 purificación de los judíos. Las seis tinajas de agua eran hechas de piedra porque este material era más impermeable que el barro y no acumulaba impurezas. También resultaba más apropiado para realizar la limpieza ceremonial (cp. Mr. 7:3, 4).
2:11 señales. Aquí Juan usó la palabra “señales” para referirse a las notables demostraciones de poder que apuntaban, más allá de sí mismas, a las realidades divinas que podían percibirse gracias a los ojos de la fe. Mediante esta palabra Juan resalta que los milagros no eran simples demostraciones de poder, sino que poseían un significado más allá del acto en sí mismo.
2:12 Después de esto. La frase “después de esto” (o una similar como “después de estas cosas”) es una expresión conjuntiva utilizada con frecuencia en la narración de este Evangelio (p. ej. 3:22; 5:1, 14; 6:1; 7:1; 11:7, 11; 19:28, 38). Aquí Juan pone este versículo como transición para explicar el desplazamiento de Jesús de Caná de Galilea a Capernaum y su llegada a Jerusalén para la celebración de la Pascua. Capernaum estaba ubicada en el extremo NO de Galilea, a unos 25 km al NE de Caná.
2:12–25 Juan se valió de este pasaje en el cual Jesús limpió el templo en justa indignación, para reforzar su tema principal acerca de Jesús como el Mesías prometido y el Hijo de Dios. En este pasaje subraya tres atributos de Jesús que confirman su deidad: 1) su celo por la reverencia (vv. 13–17), 2) su poder de resurrección (vv. 18–22), y 3) su percepción de la realidad (vv. 23–25).
2:13 la pascua de los judíos. Esta es la primera Pascua de las tres que menciona Juan (v. 13; 6:4; 11:55). Los judíos escogían el cordero en el décimo día del mes y celebraban la Pascua el decimocuarto día del mes lunar de Nisán (la luna llena al final de marzo o principios de abril). Sacrificaban el cordero entre las tres y las seis de la tarde en la noche de la fiesta. La Pascua conmemora la liberación de los judíos de la esclavitud en Egipto, después de que el ángel de la muerte “pasó por encima” de las casas de los judíos cuyos “dinteles” habían sido untados con sangre (Éx. 12:23–27). subió Jesús a Jerusalén. El viaje de Jesús a Jerusalén para la Pascua era una costumbre anual para cada judío devoto mayor de doce años (Éx. 23:14–17). Los judíos que peregrinaban se agolpaban en Jerusalén para la más grande fiesta judía.
2:13-17 Lo primero que Juan utilizó para demostrar la deidad de Cristo en la narración de la limpieza del templo fue su celo por la reverencia. Solo Dios ejerce el derecho de regir la adoración que se le rinde.
2:14 a los que vendían… los cambistas. Durante la celebración de la Pascua, venían a Jerusalén adoradores procedentes de todo Israel y del Imperio Romano. Debido a que muchos recorrían largas distancias, era inconveniente traer consigo los animales para el sacrificio. Mercaderes oportunistas que veían en esta temporada la ocasión de ofrecer un servicio y obtener cuantiosas ganancias, se instalaban en los patios exteriores del templo para vender animales a los viajeros. Se requerían cambistas porque el impuesto anual del templo tributado por cada judío devoto mayor de veinte años (Éx. 30:13, 14; Mt. 17:24–27), debía entregarse en monedas de Israel o de Tiro (por la alta pureza de su plata). Los que venían de tierras extranjeras necesitaban cambiar su dinero a la moneda apropiada para pagar el impuesto. Los cambistas cobraban una alta cuota por hacer el cambio. Debido al gran número de viajeros y a la naturaleza festiva de la celebración, tanto vendedores de animales como cambistas sacaban provecho de la situación para lograr ganancias monetarias (“cueva de ladrones”, en Mt. 21:13). La religión se había vuelto materialista e inútil.
2:15 Juan registra la purificación del templo al comienzo del ministerio de Jesús, mientras que los Evangelios sinópticos la narran al final, durante la última semana de Pascua antes de su crucifixión (Mt. 21:12–17; Mr. 11:15–18; Lc. 19:45, 46). Las circunstancias históricas y el contexto literario de las dos purificaciones del templo difieren tanto que resulta infructuoso intentar equipararlas. Además, sería apropiado considerar dos purificaciones diferentes en el contexto del ministerio de Jesús, dado que la nación judía en su conjunto nunca reconoció su autoridad como Mesías (Mt. 23:37–39). Antes bien, al rechazar tanto su mensaje como su persona, es muy posible (así como necesario) que Jesús haya efectuado varias purificaciones del templo. echó fuera del templo a todos. Cuando la santidad de Dios y la adoración a Él estaban en juego, Jesús actuó con rapidez y furor. “Todos” indica que echó fuera no solo a los hombres, sino a los animales. Con todo, aunque su acción física fue enérgica, no fue cruel. La moderación de sus actos se refleja en el hecho de que no surgió un tumulto bullicioso, el cual hubiera producido la pronta reacción del gran contingente de tropas romanas que vigilaban el templo desde la Fortaleza Antonia en Jerusalén durante la concurrida fiesta. Aunque la referencia fundamental apunta a las acciones del Mesías en el reino del milenio, la purificación del templo fue un primer cumplimiento de Malaquías 3:1–3 (y de Zac. 14:20, 21) que habla de la purificación de la adoración religiosa del pueblo efectuada por el Mesías.
2:16 no hagáis. La fuerza del imperativo del griego podría traducirse más bien “dejad de hacer”, que indica la orden de Jesús de abandonar sus prácticas vigentes. La santidad de Dios exige la santidad en la adoración. de mi Padre. Con esta frase Juan alude con sutileza a la deidad de Jesús como Hijo y su identidad como Mesías (vea 5:17, 18). casa de mercado. Es posible que Jesús hiciera aquí un juego de palabras. La palabra “mercado” ilustra una tienda llena de mercancía.
2:17 Es citado del Salmo 69:9 para indicar que Jesús no toleraría la irreverencia hacia Dios. Cuando David escribió este salmo, era perseguido debido a su celo por la casa de Dios y la defensa del honor que a Él le correspondía. Los discípulos temían que las acciones de Jesús provocaran una persecución similar. Pablo cita la segunda parte del Salmo 69:9 (“Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí”) en Romanos 15:3, y así indica con claridad la relevancia mesiánica que tenía el salmo para la iglesia primitiva.
2:18 los judíos. Lo más probable es que se tratara de las autoridades del templo o de los representantes del sanedrín (cp. 1:19). señal. Los judíos le pedían a Jesús algún tipo de señal milagrosa que justificara su autoridad frente a las acciones previas que procuraban regir las actividades del templo. Su exigencia revela que no habían comprendido el significado de la reprensión de Jesús, la cual se centraba en la necesidad que tenían de demostrar una actitud correcta y santidad en la adoración. Lo que Jesús hizo era en sí mismo una “señal” de su persona y de su autoridad. Por otra parte, pedían a Jesús una demostración de milagros inadmisible, lo cual evidenciaba aún mas su incredulidad.
2:18-22 Otra manera en la que Juan demuestra la deidad de Cristo en el relato de la purificación del templo es al mostrar su poder sobre la muerte mediante la resurrección. Solo Dios tiene dicha potestad.
2:19 En su juicio posterior, las autoridades acusaron a Jesús (Mr. 14:29, 58) de haber hecho una declaración de amenaza contra el templo, con lo cual revelaban su incomprensión de lo que Jesús respondió en esa ocasión. De nuevo, el Evangelio de Juan complementa a los otros Evangelios en este punto al indicar que Jesús se refirió de manera enigmática a su resurrección. Lo más probable es que, al igual que sucedía con el uso de parábolas, la declaración enigmática de Jesús estaba diseñada para revelar la verdad a sus discípulos, pero ocultar su significado de los incrédulos que lo cuestionaban (Mt. 13:10, 11). Sin embargo, solo después de su resurrección los discípulos entendieron el significado verdadero de esta declaración (v. 22, cp. Mt. 12:40). Cabe anotar que a través de la muerte y resurrección de Cristo la adoración en el templo en Jerusalén fue abolida (cp. 4:21) y en su lugar vino a instaurarse en el corazón de quienes se convirtieron en un templo espiritual, es decir, la iglesia (Ef. 2:19–22).
2:20 En cuarenta y seis años fue edificado este templo. No se refería al templo de Salomón, pues este fue destruido durante la invasión babilónica en 586 a.C. Cuando los cautivos regresaron de Babilonia, Zorobabel y Josué comenzaron a reconstruir el templo (Esd. 1–4). Los judíos, animados por los profetas Hageo y Zacarías (Esd. 5:16:18), culminaron la obra en 516 a.C. Entre los años 20 y 19 a.C., Herodes el Grande inició su reconstrucción y expansión. Los obreros terminaron la mayor parte del proyecto en diez años, pero otras partes estaban en construcción aún en la época en la cual Jesús hizo la purificación del templo. Es interesante notar que todavía se hacían retoques finales al templo cuando este fue destruido en 70 d.C. El famoso “Muro de las lamentaciones” está construido sobre una parte de los cimientos del templo de Herodes.
2:23, 24 muchos creyeron en su nombre… Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos. Juan construyó estas dos frases con el uso del mismo verbo griego que significa “creer”. Este versículo revela con agudeza la naturaleza verdadera de la confianza desde un punto de vista bíblico. Muchos llegaron a creer en Jesús por las señales milagrosas. Sin embargo, Jesús acostumbraba no “confiar” ni “fiarse” de ellos porque conocía sus corazones. El versículo 24 indica que Jesús buscaba la conversión genuina en vez del entusiasmo por lo espectacular. El último versículo también suscita cierta duda sobre la autenticidad de la conversión de algunos (cp. 8:31, 32). No obstante, este claro contraste entre los vv. 23, 24 en términos del tipo de confianza expresado, revela que lit. “creencia” “en su nombre” significaba mucho más que un simple acuerdo intelectual. Requería un compromiso sincero que comprometía la totalidad de la vida como discípulo de Jesús (cp. Mt. 10:37; 16:24–26).
2:23-25 Una tercera prueba de la deidad de Cristo que Juan presenta en el relato de la purificación del templo fue su percepción de la realidad. Solo Dios conoce en realidad el corazón de cada uno de los hombres.

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