John 18 - Biblia de Estudio MacArthur
18:1 salió. La valentía extrema de Jesús se evidencia en su determinación de ir a la cruz, en la cual su pureza y santidad serían profanadas al soportar la ira de Dios por los pecados del mundo (3:16; vea la nota sobre 12:27). El tiempo de la “potestad de las tinieblas” había llegado (Lc. 22:53; vea las notas sobre 1:5; 9:4; 13:30). torrente de Cedrón. “Torrente” denota una corriente de agua interrumpida que se secaba la mayor parte del año pero que fluía en las épocas lluviosas. Esta corriente atravesaba el valle de Cedrón, entre el monte del templo al E de Jerusalén y el Monte de los Olivos, más distante al E. un huerto. En las laderas del Monte de los Olivos, llamado así porque siempre crecen allí olivos, había muchos huertos. En Mateo 26:36 y Marcos 14:32 aquel huerto en particular se denomina “Getsemaní”, que significa “prensa de aceite”. entró. Aquí la expresión sugiere que había una cerca alrededor del huerto.
18:1–40 En este capítulo se destacan el arresto y el juicio de Jesús. Puesto que el objetivo de Juan era probar que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios, en su relato de la pasión de Jesús presenta la evidencia necesaria para cumplirlo. Mediante su descripción de los actos horrendos y vergonzosos cometidos contra Jesús, Juan advierte con maestría que estos hechos, lejos de detraer su persona y su misión, en realidad constituían una evidencia para confirmar su identidad y la razón por la cual había venido (1:29; cp. 2 Co. 5:21).
18:3 una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos. La expresión “compañía de soldados” se refiere a una cohorte de tropas romanas. Una cohorte de apoyo completa contaba con la fuerza de mil hombres (i. e. setecientos sesenta soldados de infantería y doscientos cuarenta de caballería, dirigidos por un quiliarca o “líder de mil”). No obstante, por regla general, una cohorte estaba conformada por seiscientos hombres y en ocasiones hasta por doscientos (i. e. una “manipla”). Las tropas romanas de apoyo acostumbraban situarse en Cesarea, pero en temporada de fiestas guarnecían en la Fortaleza Antonia, ubicada en el perímetro NO del complejo del templo (con el fin de controlar brotes de violencia o rebelión entre la gran multitud que se agolpaba en Jerusalén). El segundo grupo de “alguaciles” era la policía del templo, responsable principal del arresto si se tiene en cuenta que este se haría ante el sumo sacerdote (vv. 12–14). Venían preparados para enfrentar cualquier resistencia por parte de Jesús o de sus seguidores (“armas”).
18:4 sabiendo todas las cosas. Juan declara de manera práctica que Jesús era omnisciente, y por lo tanto Dios.
18:4–8 ¿A quién buscáis? Al formular dos veces esta misma pregunta (vv. 4, 7), a la cual respondieron “Jesús nazareno” (vv. 5, 7), Jesús los forzó a reconocer que no tenían autoridad para prender a sus discípulos. Más aún, les pidió que dejaran ir a sus discípulos (v. 8). La fuerza de su petición se observa en el poder de sus palabras. En el momento de decir “Yo soy” (v. 6), una declaración que había empleado antes para aseverar que era Dios (8:28, 58; cp. 6:35; 8:12; 10:7, 9, 11, 14; 11:25; 14:6; 15:1, 5), ellos retrocedieron y cayeron a tierra (v. 6). Esta demostración de poder, así como la demanda contundente de no arrestar a sus discípulos fueron de gran trascendencia, como lo indica el versículo siguiente.
18:9 no perdí ninguno. Con esto, Jesús quería decir que había protegido a sus discípulos de ser arrestados para no perder a ninguno y cumplir así las promesas que les había hecho (6:39, 40, 44; 10:28; 17:12). Él sabía que ser arrestados, y quizás aun encarcelados o ejecutados, sería más de lo que podrían soportar y su fe podría fenecer. Así que se aseguró de que esto no sucediera. Todos los creyentes son débiles y están desvalidos si el Señor no los protege. Pero es evidente que Él nunca dejará que sean tentados más allá de sus fuerzas (1 Co. 10:13). Los creyentes poseen seguridad eterna, no en sus propias fuerzas, sino en la protección del Señor, la cual es constante y llena de gracia (cp. Ro. 8:35–39).
18:10 Simón Pedro. No cabe duda que su intención era agredir a Malco en la cabeza a fin de iniciar una batalla para defender a su Señor, pero aquí demostró un amor y una valentía basados en la ignorancia. Cristo sanó la oreja de Malco (Lc. 22:51).
18:11 la copa… beber. La valentía impulsiva de Pedro en el v. 10 no solo estaba mal encaminada, sino que demostraba su incapacidad para comprender la finalidad de la muerte que Jesús vino a padecer. En el AT la “copa” está relacionada con el sufrimiento y en especial con el juicio, es decir, la copa de la ira de Dios (Sal. 75:8; Is. 51:17, 22; Jer. 25:15; Ez. 23:31–34; vea las notas sobre Mt. 26:39; Mr. 14:36; Lc. 22:42; cp. Ap. 14:10; 16:19).
18:13 primeramente a Anás. Anás era sumo sacerdote en el período de 6–15 d.C., después del cual fue destituido por Valerio Grato, predecesor de Pilato. No obstante, Anás no dejó de ejercer cierta influencia en el cargo debido a que aún era considerado como el verdadero sumo sacerdote y también porque al menos cinco de sus hijos y su yerno Caifás pasaron por el cargo en algún momento. Se realizaron dos juicios: uno judío y otro romano. El juicio judío comenzó con el interrogatorio informal de Anás (vv. 12–14, 19–23), cuya presunta intención era proveer el tiempo necesario para que los miembros del sanedrín se reunieran con prontitud. En seguida vino una sesión ante el sanedrín (Mt. 26:57–68) que convino en enviar a Jesús a Pilato (Mt. 27:1, 2). El juicio romano comenzó con un primer interrogatorio ante Pilato (vv. 28–38a; Mt. 27:11–14) y prosiguió con el de Herodes Antipas, llamado “zorra” en Lc. 13:32 (Lc. 23:6–12). Por último, Jesús volvió a ser llevado ante Pilato (vv. 38b—19:16; Mt. 27:15–31).
18:13, 14 Caifás. Vea las notas sobre 11:49. Juan no relata el interrogatorio de Caifás (vea Mt. 26:57–68).
18:15 otro discípulo… este discípulo. Según la tradición se trata del “discípulo amado” (13:23, 24), i. e. Juan el apóstol y autor de este Evangelio, pero nunca mencionó su propio nombre (vea la Introducción: Autor y fecha).
18:16 conocido del sumo sacerdote. Al parecer Juan era mucho más que un simple conocido, pues este término puede designar a un amigo (Lc. 2:44). El hecho de que haya mencionado a Nicodemo (3:1) y a José (19:38) puede indicar que conocía a otros judíos prominentes.
18:16–18 Pedro. Esta es la primera de las tres negaciones de Pedro que habían sido predichas (vea la nota sobre 18:25–27).
18:19 Su turbación se centraba en las aseveraciones de Jesús de que era el Hijo de Dios (19:7). En una audiencia judía formal cuestionar al acusado podría ser ilegal porque un caso debía fundarse en el testimonio de varios testigos (vea la nota sobre 1:7). Si se tratara de un interrogatorio informal ante el sumo sacerdote emérito y no ante el sanedrín, Anás pudo haber pensado que no estaba sujeto a dichas leyes. No obstante, Jesús conocía la ley y exigió que se llamara a los testigos (vv. 20, 21). Un alguacil sabía que Jesús había increpado a Anás y tomó represalias (v. 22).
18:23 En esencia, Jesús solicitó un juicio justo, mientras que sus opositores ya habían decidido la sentencia (véase 11:47–57) y no tenían interés alguno en ello.
18:24 Anás reconoció que no lograba avanzar con Jesús y lo envió a Caifás, pues si Jesús debía ser llevado ante Pilato para la ejecución, la acusación legal debía proceder del sumo sacerdote del momento (i. e., Caifás) que presidía el sanedrín (vea la nota sobre el v. 13).
18:25–27 Pedro. Este fue el cumplimiento definitivo de la predicción de Jesús acerca de las tres negaciones de Pedro (cp. Mt. 26:34).
18:28—19:16 Esta sección habla del juicio de Jesús ante Pilato. Aunque Pilato aparece aquí en cada escena, Jesús, y la naturaleza de su reino, ocupan el lugar central.
18:28 pretorio. El cuartel general del comandante militar romano o del gobernador romano (i. e. Pilato). La jefatura habitual de Pilato estaba en Cesarea, en el palacio que Herodes el Grande se había edificado. Sin embargo, Pilato y sus predecesores insistían en permanecer en Jerusalén durante las fiestas con el propósito de controlar cualquier disturbio. Jerusalén se convirtió en su pretorio o cuartel general. de mañana. La palabra es ambigua. Lo más probable es que sea alrededor de las seis de la mañana, pues muchos oficiales romanos comenzaban su jornada muy temprano y terminaban hacia las diez y las once de la noche. para no contaminarse. La ley oral judía determinaba que un judío quedaba ritualmente impuro al entrar en las casas de los gentiles. Si se negaban a entrar en el lugar evitaban contaminarse. Juan anota esta observación cargada de ironía al advertir el recelo de los jefes de los sacerdotes en cuanto a la limpieza ceremonial, mientras incurrían en una contaminación moral continua y sin paralelo por sus actos en contra de Jesús.
18:29 ¿Qué acusación…? Esta fue la pregunta que marcó el inicio de los procedimientos del juicio romano contra Jesús (lo cual difiere con el juicio religioso ante los judíos en el v. 24). El hecho de que las tropas romanas participaran en el arresto prueba que las autoridades judías habían dado de antemano alguna información a Pilato acerca de este caso. Aunque esperaban que Pilato confirmara su juicio contra Jesús y ordenara la sentencia de muerte, Pilato procedió en cambio a una audiencia en su presencia.
18:31 no nos está permitido. Cuando Roma ocupó a Judea y comenzó a gobernar mediante un prefecto en 6 d.C., la jurisdicción de la pena capital (i. e. el derecho para ejecutar) fue suspendida a los judíos y entregada al gobernador romano. La pena capital era el atributo de la administración romana en las provincias que se trataba con el mayor recelo.
18:32 que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho. Jesús había dicho que sería “levantado” en su muerte (3:14; 8:28; 12:32, 33). Si los judíos lo hubieran ejecutado habrían utilizado la lapidación. Pero Dios, en su providencia, controló cada procedimiento político para asegurar que tras la sentencia, Él fuera crucificado por los romanos y no apedreado por los judíos, como sucedió a Esteban (Hch. 7:59). Los judíos preferían dicha forma de ejecución basados en Deuteronomio 21:23.
18:34 otros. Una vez más (cp. los vv. 20, 21), Jesús exigía que hubiera testigos.
18:36 Mi reino no es de este mundo. Con esta frase, Jesús quería decir que su reino no estaba asociado con las entidades terrenales en el ámbito político ni nacional, y que tampoco provenía del maligno sistema mundial que está en rebelión contra Dios. Si su reino fuera de este mundo habría luchado. Los reinos de este mundo se defienden por la fuerza. El reino del Mesías no se origina en el esfuerzo del hombre, sino en el Hijo de Dios, quien de manera poderosa y definitiva vence el pecado en la vida de su pueblo, y quien subyugará al malvado sistema mundial en su Segunda Venida. Entonces establecerá su reino en el ámbito terrestre. Su reino no representaba una amenaza para la identidad nacional de Israel ni para la identidad política y militar de Roma. Su reino existe en la dimensión espiritual hasta el fin de los tiempos (Ap. 11:15).
18:38 ¿Qué es la verdad? Ante la mención que hizo Jesús de la “verdad” en el v. 37, Pilato responde de manera retórica y con cinismo, convencido de que no existía respuesta a tal pregunta. Su réplica prueba que no era uno de los que el Padre haya entregado al Hijo (“Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz”, v. 37, vea las notas sobre 10:1–5). ningún delito. Cp. 19:4. Juan establece con claridad que Jesús no era culpable de pecado ni delito alguno, y por lo tanto, pone en evidencia la grave injusticia y culpa tanto por parte de los judíos como de los romanos que lo ejecutaron.
18:40 Y Barrabás era ladrón. La palabra “ladrón” significa “uno que captura el botín”, lo cual describe no solo a un ladrón, sino a un terrorista o guerrillero que participó en una insurrección sangrienta (vea Mr. 15:7).
