John 20 - Biblia de Estudio MacArthur

20:1 El primer día de la semana. Se refiere al domingo. Desde entonces, los creyentes apartan el domingo para reunirse y recordar la portentosa resurrección del Señor (vea Hch. 20:7; 1 Co. 16:2). Llegó a conocerse como el día del Señor (Ap. 1:10). Vea las notas sobre Lucas 24:4, 34. María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro. Es probable que Jesús se haya aparecido primero a María Magdalena debido a su gracia para demostrarle fidelidad amorosa a quien hubiera tenido un pasado sórdido, pero sin duda también por el amor tan especial y profundo que ella tenía por Él. Había venido a la tumba para terminar de preparar el cuerpo de Jesús para su sepultura y por eso trajo más especias para ungirlo (Lc. 24:1).
20:1–31 Este capítulo registra las apariciones de Jesús a sus seguidores: 1) la aparición a María Magdalena (vv. 1–18), 2) la aparición a los diez discípulos (vv. 19–23), y 3) la aparición a Tomás (vv. 24–29). Jesús no se apareció a los no creyentes (vea 14:19; 16:16, 22) porque la evidencia de su resurrección no los hubiera convencido, así como los milagros no lo lograron (Lc. 16:31). El dios de este mundo los había cegado para impedirles creer (2 Co. 4:4). Jesús solo se aparece a los suyos a fin de confirmar su fe en el Cristo vivo. Dichas apariciones produjeron tal efecto en los discípulos que pasaron de ser hombres cobardes escondidos por el temor para convertirse en testigos osados de Jesús (p. ej. Pedro, vea 18:27, cp. Hch. 2:14–39). El objetivo de Juan al registrar las apariciones de Jesús era demostrar una vez más que su resurrección física era la prueba culminante de su verdadera identidad como Mesías e Hijo de Dios quien entregó su vida por los suyos (10:17, 18; 15:13; cp. Ro. 1:4).
20:2 otro discípulo, aquel al que amaba Jesús. Se trata de Juan, el autor de este Evangelio. Se han llevado. Aunque Jesús había predicho su resurrección en numerosas ocasiones, en ese momento excedía lo que ella podía creer. Para que por fin creyeran fue necesario que Jesús se presentara con “muchas pruebas indubitables”.
20:5–7 vio los lienzos puestos allí. Hay una gran diferencia entre la resurrección de Lázaro (11:44) y la de Jesús. Mientras que Lázaro salió de la tumba con las vendas y el sudario, el cuerpo material de Jesús fue glorificado y atravesó las vendas, de la misma manera que atravesó luego las paredes del recito en el cual se apareció a los discípulos (vea los vv. 19, 20; cp. Fil. 3:21). los lienzos… y el sudario. El estado en el cual encontraron estos elementos indica que no habían sido forzados, ni que el cuerpo había sido desenvuelto de prisa por ladrones, quienes en realidad ni siquiera lo hubieran hecho pues resultaba más fácil y grato transportarlo con su envoltura y especias. Todo indica que nadie pudo haber tomado el cuerpo, sino que este atravesó la envoltura de lienzos y el sudario, dejándolos intactos tras de sí en la tumba.
20:8 el otro discípulo. Juan vio los lienzos y se convenció de que Jesús había resucitado.
20:9 no habían entendido la Escritura. Pedro y Juan no entendieron las Escrituras que declaraban la resurrección de Jesús (Sal. 16:10). Esto se evidencia en el relato de Lucas (24:25–27, 32, 44–47). Jesús había profetizado su resurrección (2:19; Mt. 16:21; Mr. 8:31; 9:31; Lc. 9:22), pero ellos no lo admitían (Mt. 16:22; Lc. 9:44, 45). En la época en la cual Juan escribió este Evangelio, la Iglesia había crecido en su comprensión de la resurrección profetizada del Mesías consagrada en el AT (cp. “aún”).
20:11–13 llorando. El sentimiento de pena y dolor de María debió conducirla de regreso a la tumba. Parece que no se cruzó en el camino con Pedro o Juan y por eso ignoraba la resurrección de Jesús (vea el v. 9).
20:12 dos ángeles. Lucas (24:4) describe a ambos. Mateo 28:2, 3 y Marcos 16:5 solo hacen referencia a uno. Juan mencionó a los dos ángeles con el fin de demostrar que no hubo ladrones de tumbas que robaran el cuerpo. Fue el poder de Dios el que actuó.
20:14 no sabía que era Jesús. No es clara la razón por la cual María no pudo reconocer a Jesús. Pudo deberse a las lágrimas de sus ojos que hacían borrosa su visión (v. 11). Quizás también por las recientes imágenes del cuerpo herido y deshecho grabadas aún en su mente, por lo que la apariencia resucitada de Jesús fuera tan diferente para que ella pudiera reconocerlo. Sin embargo, es posible que hubiera sido cegada de manera sobrenatural para reconocerlo solo cuando Él lo permitiera, tal como sucedió a los discípulos en el camino a Emaús (vea Lc. 24:16).
20:16 ¡María! Sin importar cuál haya sido la razón por la cual no pudo reconocerlo, ella reconoció a Jesús tan pronto como Él pronunció su nombre. Esto rememora las palabras de Jesús: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (10:27; cp. 10:3, 4).
20:17 No me toques, porque aún no he subido a mi Padre. María manifestó su deseo de asirse del Señor por temor a no perderlo de nuevo. La alusión de Jesús a su ascensión deja en claro que solo estaría con ellos por un tiempo, y aunque ella quisiera con empeño que Él se quedara, esto no era posible. Jesús permaneció con ellos solo durante cuarenta días y luego ascendió (Hch. 1:3–11). Después de ir al Padre, Él enviaría al Espíritu Santo (“el Consolador”) para que no se sintieran desamparados (vea la nota sobre 14:18, 19). mis hermanos. Hasta entonces, los discípulos habían sido llamados “siervos” o “amigos” (15:15), pero no “hermanos”. Gracias a la obra de Jesús en la cruz en la cual tomó el lugar del pecador, fue posible establecer esta nueva relación con Cristo (Ro. 8:14–17; Gá 3:26, 27; Ef. 1:5; He. 2:10–13).
20:19 aquel mismo día. Vea la nota sobre el v. 1. las puertas cerradas. La palabra en el griego indica que las puertas habían sido aseguradas por temor a los judíos. Puesto que las autoridades habían ejecutado a su líder, ellos pensaban que podían sufrir su mismo destino. Paz a vosotros. Vea las notas sobre 14:27; 16:33. El saludo de Jesús completaba su declaración “consumado es”, pues su obra en la cruz logró la paz entre Dios y su pueblo (Ro. 5:1; Ef. 2:14–17).
20:20 Jesús les comprobó que aquel que se aparecía a ellos era el mismo que había sido crucificado (cp. Lc. 24:39).
20:21 Esta misión se basa en 17:18. Vea Mateo 28:19, 20.
20:22 Esta declaración se entiende como la garantía por parte de Cristo de que el Espíritu Santo vendría, pues los discípulos solo lo recibieron cuarenta días después en el día de Pentecostés (Hch. 1:8; 2:1–3).
20:23 Vea las notas sobre Mateo 16:19; 18:18. Este versículo no les da licencia a los cristianos para perdonar pecados. Jesús se refería al hecho de que un creyente puede declarar con certeza el perdón del Padre para el pecador gracias a la obra de su Hijo, en caso de que aquel se haya arrepentido y creído en el evangelio. El creyente puede decir también con certeza a quienes no han aceptado el mensaje del perdón de Dios mediante la fe en Cristo, que sus pecados no han sido perdonados.
20:24–26 Ya se había descrito a Tomás como un discípulo leal pero pesimista. Jesús no lo reprendió por haber fallado, sino que a cambio le mostró su compasión al ofrecerle pruebas de su resurrección. Con amor, llegó a su encuentro en el momento de debilidad (2 Ti. 2:13). Las acciones de Tomás revelan que Jesús tuvo que convencer a los discípulos de su resurrección de manera enérgica, es decir, no eran personas muy crédulas para convencerse de la resurrección. Esto también demuestra que no pudieron haber inventado o imaginado dicho acontecimiento, puesto que eran tan reacios a creerlo aún ante la evidencia visible.
20:28 ¡Señor mío, y Dios mío! Con estas palabras Tomás declaró su fe inconmovible en la resurrección, así como en la deidad de Jesús, el Mesías e Hijo de Dios (Tit. 2:13). Esta es la más grande confesión que una persona puede hacer. La confesión de Tomás es la mejor muestra de lo que Juan quiso comunicar al escribir su Evangelio (vea los vv. 30, 31).
20:29 Jesús pronosticó el tiempo en el cual no habría evidencias tangibles como la que Tomás había experimentado. Tras la ascensión definitiva de Jesús al Padre, todos aquellos que creyeran en Él lo harían sin el privilegio de ver al Señor resucitado. Jesús pronunció una bendición especial para quienes creerían en Él sin verlo, como sí había sucedido a Tomás (1 P. 1:8, 9).
20:30, 31 Estos versículos constituyen la meta y el propósito por el cual Juan escribió el Evangelio (vea la Introducción: Contexto histórico).

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