John 6 - Biblia de Estudio MacArthur

6:1 Después de esto. Es probable que haya transcurrido un largo intervalo de tiempo entre los capítulos 5 y 6. Si la fiesta mencionada en 5:1 es la fiesta de los tabernáculos, se puede pensar que por lo menos transcurrieron seis meses (de octubre a abril). Pero si se trata de la Pascua, entonces se puede deducir que transcurrió un año. mar de Galilea. La estructura del capítulo 6 es muy similar a la del capítulo 5, pues ambos designan una fiesta judía y apuntan al discurso de la deidad de Jesús. Mientras el capítulo 5 se desarrolla al S en Judea y en Jerusalén, el capítulo 6 tiene como ubicación el N en Galilea. El resultado en ambos capítulos es el mismo: Jesús es rechazado no solo en la región del N, sino en el S. Vea la nota sobre 21:1.
6:1–14 La historia de la alimentación de los cinco mil es la cuarta señal que Juan emplea para demostrar que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios. Es el único milagro registrado en todos los cuatro Evangelios (Mt. 14:13–23; Mr. 6:30–46; Lc. 9:10–17). Ya que lo más probable es que Juan haya escrito para complementar la información ausente en los Evangelios sinópticos (vea la Introducción: Contexto histórico), su relato hizo hincapié en la importancia estratégica de este milagro en dos aspectos: 1) demostró el poder creativo de Cristo con mayor claridad que cualquier otro milagro, y 2) se valió del milagro para demostrar la deidad de Jesucristo así como para preparar el escenario de su discurso sobre “el pan de vida” (vv. 22–40). Es fascinante notar que ambos milagros creativos de Jesús, que son la transformación del agua en vino (2:1–10) y la multiplicación del pan (vv. 1–14), nombran los elementos centrales de la Santa Cena (v. 53).
6:2 veían las señales. Las multitudes seguían a Jesús por la curiosidad que suscitaban sus milagros y no por fe (v. 26). No obstante, y a pesar de las motivaciones erróneas de la multitud, Jesús fue movido por la compasión, le dio alimento y sanó a los enfermos (cp. Mt. 13:14, Mr. 6:34).
6:7 Doscientos denarios. Si se tiene en cuenta que un denario equivalía a un día de salario de un obrero promedio, doscientos denarios corresponderían al salario de unos ocho meses. Pero la multitud era tan numerosa que aún esta cifra hubiera sido insuficiente para alimentarla.
6:10 cinco mil. El número de hombres era cinco mil, sin contar a las mujeres y los niños, con los cuales el total podría sumar más de veinte mil.
6:14 el profeta. La multitud se refirió al “profeta” de Deuteronomio 18:15. Es lamentable que estos comentarios realizados después de que Jesús los sanara y alimentara, evidencien el anhelo del pueblo por un Mesías que supliera sus necesidades físicas y no espirituales. Al parecer, no se observa indicio alguno de arrepentimiento, de reconocimiento de su necesidad espiritual o de disposición para el reino (Mt. 4:17). Ellos querían un Mesías terrenal y político que supliera todas sus necesidades y los liberara de la opresión romana. Su reacción tipifica la de muchos que quieren un “Cristo” que jamás les haga exigencias (cp. Mt. 10:34–39; 16:24–26) pero que responda a todas sus demandas egoístas.
6:15 apoderarse de él y hacerle rey. Juan complementa la información de Mateo y Marcos al añadir el motivo que llevó a Jesús a despedir a sus discípulos y apartarse de la multitud para ir solo a una montaña, y es su conocimiento sobrenatural de la intención que tenían de hacerlo rey porque los había alimentado y sanado. La multitud, impelida por el entusiasmo del tumulto, se alistaba a ejecutar por equivocadas intenciones políticas algo que habría comprometido la voluntad de Dios.
6:16–21 El episodio en el cual Jesús camina sobre el agua constituye la quinta señal que Juan relata en su Evangelio con el propósito de demostrar que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios (20:30, 31). El milagro prueba la deidad de Jesús al demostrar su soberanía frente a las leyes de la naturaleza.
6:17 hacia Capernaum. En Mateo 14:22 y en Marcos 6:45 vemos que tan pronto como Jesús alimentó a las multitudes, despidió de inmediato a sus discípulos para viajar en dirección O hacia Capernaum (vv. 16, 17).
6:18 un gran viento que soplaba. El Mar de Galilea está ubicado a unos 210 m bajo el nivel del mar. Una corriente de aire frío procedente de las montañas del N y de las laderas al SE soplaba hacia el lago y desplazaba el aire cálido y húmedo que encrespaba el agua con violencia.
6:19, 20 Jesús que andaba sobre el mar. Los Evangelios sinópticos revelan que a causa del temor y de la oscuridad pensaron que era un fantasma (Mt. 14:26, Mr. 6:49). El Hijo de Dios que creó el mundo tenía el control de sus fuerzas, y en este caso suspendió la ley de la gravedad. La acción de Jesús no fue intrascendente para él, pues estableció una tremenda enseñanza objetiva a los discípulos acerca de su verdadera identidad como Señor soberano de toda la creación (cp. 1:3).
6:21 la barca… llegó en seguida a la tierra. Esta frase señala que otro milagro ocurrió además de que Jesús caminara sobre el agua, es decir, la barca llegó de manera milagrosa e instantánea a su destino exacto tan pronto como Jesús entró en ella.
6:22, 23 Estos versículos aluden a que las multitudes que fueron testigo de las sanidades y la alimentación milagrosa, aún estaban en el lugar original de estos milagros (al E del lago) y, a partir de una curiosidad exaltada, anhelaban encontrarse de nuevo con Jesús. Otras barcas cargadas con personas de Tiberias (en la orilla NO del lago) también escucharon acerca de los milagros y lo buscaban.
6:22–58 La famosa predicación de Jesús sobre el pan de vida. El tema clave está en el v. 32, i. e. “Yo soy el pan de vida”, es la primera de las siete declaraciones enfáticas de “yo soy” de Jesús comprendidas en este Evangelio (8:12; 10:7, 9; 10:11, 14; 11:25; 14:6; 15:1, 5). Esta analogía de Jesús como “el pan” de vida afirma el tema de Juan acerca de Jesús como Mesías e Hijo de Dios (20:30, 31). Aunque Juan registra los milagros de Jesús para erigir su deidad, se apresura a presentar el discurso de Jesús sobre las realidades espirituales de su persona a fin de definir con precisión su identidad, es decir, no solamente un hacedor de maravillas, sino el Hijo de Dios que vino a salvar a la humanidad de sus pecados (3:16). Este discurso tuvo lugar en la sinagoga de Capernaum (v. 59).
6:26 porque comisteis. Esta frase subraya el punto de Jesús tenía acerca del motivo por el cual la multitud lo seguía, que consistía en un deseo superficial por comida en vez de una comprensión del verdadero significado espiritual de su persona y de su misión (8:14–21, Mr. 6:52).
6:27 la comida que perece. Jesús reprendió a la multitud por sus ideas enfocadas solo en lo material acerca del reino mesiánico (cp. el v. 26, 4:15). Aunque el reinado del Mesías se haría real algún día en el mundo físico, el pueblo no logró ver su preponderante carácter espiritual y la bendición de la “vida eterna” concedida de inmediato a quienes creen en el testimonio de Dios a través del Hijo. la comida que a vida eterna permanece. El discurso siguiente indica que esta era una referencia a Jesús mismo (v. 35).
6:28 las obras de Dios. Ellos pensaron que Jesús sugería la exigencia por parte de Dios de hacer obras para ganar la vida eterna, para las cuales ellos se sentían calificados.
6:29 la obra de Dios, que creáis. La multitud no comprendió la restricción de Jesús en el v. 27, la cual motivó a Jesús a recordarles que es un error enfocarse de manera exclusiva en las bendiciones materiales. La única obra que Dios anhelaba era la fe o la confianza en Jesús como Mesías y como Hijo de Dios (cp. Mal. 3:1). La “obra” que Dios demanda es creer en su Hijo (cp. 5:24).
6:30 Qué señal, pues, haces tú. La pregunta ponía en evidencia la torpeza y la ceguera espiritual de la multitud, así como su curiosidad egoísta y superficial. La alimentación de los veinte mil (v. 10) era una señal suficiente para demostrar la deidad de Cristo (cp. Lc. 16:31).
6:31 Nuestros padres comieron el maná. Parece que la lógica de la multitud concebía la alimentación milagrosa operada por Jesús como un milagro insignificante comparado con el que realizó Moisés. Para condicionar su fe en Él exigían que alimentara a la nación de Israel en la misma proporción que Dios obró al enviar el maná para alimentar a toda la nación durante su peregrinación de cuarenta años en el desierto (Éx. 16:11–36). A fin de creerle, pedían que Jesús hiciera lo mismo que Moisés. La cita fue tomada del Salmo 78:24.
6:32 verdadero pan del cielo. El maná que Dios proveyó era temporal y perecedero, y también una sombra insignificante del verdadero pan que Dios les ofrecería, que es Jesucristo, el único que da vida espiritual y eterna a la humanidad (al “mundo”).
6:33 pan de Dios. Esta expresión es sinónima de “pan del cielo” (v. 32).
6:34 Señor, danos siempre este pan. Esta declaración volvía a poner en evidencia la ceguera de la multitud, que pensaba en algún tipo de pan material y no lograba entender el significado espiritual que señalaba a Jesús como ese “pan” (cp. 4:15).
6:35 Yo soy el pan de vida. La torpeza del v. 34 impulsó a Jesús a aclarar de manera explícita que se refería a Él mismo.
6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí. Este versículo resalta la voluntad soberana de Dios al escoger a quienes vienen a Él para recibir salvación (cp. los vv. 44, 65, 17:6, 12, 24). El Padre predestinó a los que serían salvos (vea las notas sobre Ro. 8:29, 30; Ef. 1:3–6; 1 P. 1:2). La soberanía absoluta de Dios es la base de la confianza de Jesús para el éxito de su misión (vea la nota sobre el v. 40, cp. Fil. 1:6). La seguridad de la salvación reside en la soberanía de Dios, porque Dios es la garantía de que “todo” lo que Él ha escogido vendrá a Él para salvación. Al decir “me da” Jesús afirma que cada persona es escogida por Dios y traída a Él (v. 44), lo cual debe considerarse como una dádiva de amor del Padre para el Hijo. El Hijo recibe cada “dádiva de amor” (v. 37), la guarda (v. 39) y la resucitará en la gloria eterna (vv. 39, 40). Ninguno que haya sido escogido se perderá (vea las notas sobre Ro. 8:31–39). Dicho propósito salvador es la voluntad de Dios, y el Hijo la cumplirá hasta su perfección (v. 38, cp. 4:34; 10:28, 29; 17:6, 12, 24).
6:40 todo aquél que ve al Hijo, y cree en él. Este versículo resalta la responsabilidad humana en la salvación. Aunque Dios es soberano, Él obra mediante la fe, de manera que cada uno debe creer en Jesús como Mesías e Hijo de Dios, pues Él es el único camino para la salvación (cp. 14:6). No obstante, incluso la fe es un regalo de Dios (Ro. 12:3; Ef. 2:8, 9). Cualquier esfuerzo humano para comprender la concordancia entre la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre resulta vano, pero es un asunto por completo resuelto en la mente infinita de Dios.
6:41 murmuraban. La reacción de las multitudes de la sinagoga frente a las declaraciones de Jesús fue igual a la de los judíos en el desierto, quienes murmuraron contra Dios antes y después de que les diera el maná (Éx. 16:2, 8, 9; Nm. 11:4–6). los judíos. En este Evangelio el término “judíos” es asociado con frecuencia con la animosidad hacia Cristo. Se emplea como ironía para indicar la incongruencia de la creciente hostilidad de los judíos hacia su Mesías. Puesto que endurecieron sus corazones, Dios también procedió a endurecerlos como una sentencia judicial (cp. 12:37–40; Is. 6:10; 53:1; Mt. 13:10–15). En el período de la tribulación, Israel se volverá a Jesús como su verdadero Mesías y será salvo (Ro. 11:25–27; Ap. 1:7; 7:1–8; cp. Zac. 12:10–14). porque había dicho: Yo soy el pan… del cielo. La indignación de los judíos se centraba en dos cosas: 1) que Jesús afirmó ser el pan y 2) que vino del cielo. Tanto los judíos en Jerusalén (5:18) como los galileos, reaccionaron en forma negativa cuando Jesús se puso al mismo nivel de Dios.
6:41–50 Esta sección designa la reacción inicial de la multitud a la predicación de Jesús acerca del pan de vida, la cual podría dividirse en tres secciones: 1) la multitud reacciona con murmuración (vv. 41, 42), 2) Jesús los reprende por su reacción (vv. 43–46), y 3) Jesús reitera su mensaje a la multitud (vv. 47–51).
6:42 cuyo padre y madre nosotros conocemos. En el plano humano sabían que Jesús era galileo. Estas palabras evocan las que Jesús pronunció en 4:44: “el profeta no tiene honra en su propia tierra”. La hostilidad de las personas brotaba de una raíz de incredulidad. La muerte de Jesús era inevitable, pues las animosidades surgían dondequiera que Él iba.
6:44 le trajere. Cp. el v. 65. Al combinar el v. 37 y el v. 44 se observa que la actividad divina de traer a los hombres de la cual habla Jesús, no puede limitarse a lo que los teólogos han denominado la “gracia precedente”, es decir, que de alguna forma la capacidad de venir a Cristo está a disposición de toda la humanidad, lo cual permite a cada cual aceptar o rechazar el evangelio solo según su propia voluntad. Las Escrituras advierten que la naturaleza humana no posee “libre albedrío”, porque está bajo la esclavitud del pecado (la depravación total) y es incapaz de creer si Dios no lo faculta para hacerlo (Ro. 3:1–19; Ef. 2:1–3; 2 Co. 4:4; 2 Ti. 1:9). Aunque “todo el que quiera” puede venir al Padre, solo a quienes Él concede el deseo lograrán venir a Él. La acción de Dios de atraer es selectiva y eficaz (pues produce el efecto esperado) sobre aquellos a quienes Dios ha escogido en su soberanía para alcanzar salvación, i. e. quienes creerán porque Dios así lo ha determinado desde la eternidad (Ef. 1:9–11).
6:45 Jesús hizo una paráfrasis de Isaías 54:13 para sustentar la idea de que si los hombres creen y se arrepienten es porque han sido “enseñados” y en consecuencia traídos por Dios. El hecho de ser “traídos” y “enseñados” son solo dos aspectos diferentes de la dirección soberana de Dios en la vida de los hombres. Quienes son enseñados por Dios para comprender la verdad son también traídos por el Padre para recibir al Hijo.
6:49, 50 Jesús muestra la diferencia entre el pan terrenal y el celestial. El maná fue dado en el desierto y vino del cielo para suplir las necesidades físicas de los israelitas. No obstante, era incapaz de impartir vida eterna o de suplir sus necesidades espirituales, como sí podría hacerlo el “pan de vida” (v. 48) que vino del cielo en la persona de Jesús el Mesías. La prueba de esta diferencia estriba en el hecho irrefutable de que todos los antepasados que comieron maná en el desierto murieron.
6:51 Esta declaración se repite con exactitud en los vv. 33, 35, 47, 48. mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Jesús se refiere aquí de manera profética a su inminente sacrificio en la cruz (cp. 2 Co. 5:21; 1 P. 2:24). Por su propia voluntad Jesús rindió su vida por la humanidad pecaminosa y malvada (10:18; 1 Jn. 2:2).
6:51–59 Este pasaje podría dividirse en tres secciones: 1) la declaración de Jesús (v. 51), 2) la confusión de la multitud (v. 52), y 3) las promesas de Jesús (vv. 53–59).
6:52 contendían. De nuevo, la confusión de los judíos revela que no lograban comprender la verdad espiritual encubierta en la ilustración expuesta por Jesús. Cada vez que Jesús presentaba una ilustración o hacía una afirmación encubierta, los judíos eran incapaces de ver su significado espiritual (p. ej. 3:4, 4:15). La ley mosaica prohibía beber sangre o comer carne que aún la tuviera (Lv. 17:10–14; Dt. 12:16; Hch. 15:29). Los judíos reaccionaron con ira y desconcierto al no lograr trascender la simple esfera material.
6:53–58 come… bebe. Aquí Jesús emplea una analogía que tiene un significado más espiritual que literal: al igual que comer y beber son necesarios para la vida física, la fe en su muerte en sacrificio es necesaria para la vida eterna. Comer su carne y beber su sangre simbolizan de manera metafórica la necesidad de aceptar la obra de Jesús en la cruz. No obstante, un Mesías crucificado resultaba inconcebible para los judíos (cp. Hch. 17:1–3). Una vez más los judíos, en su ceguera deliberada que era su propia condena judicial, no podían vislumbrar el verdadero significado espiritual ni la verdad detrás de las declaraciones de Jesús. Por otro lado, esta alusión de Jesús a comer y beber no se refiere a la Santa Cena por dos razones importantes: 1) aún no había sido instituida, y 2) si Jesús se hubiera referido a la Santa Cena habría enseñado entonces que quienes participaran de ella recibirían la vida eterna.
6:60–71 Esos versículos desenmascaran la reacción de los discípulos de Jesús a su sermón sobre el “pan de vida”. Al igual que la reacción de la multitud en Jerusalén (capítulo 5) y en Galilea (capítulo 6), aquellos respondieron con incredulidad y lo rechazaron. Juan cita dos grupos y sus reacciones correspondientes: 1) la incredulidad de los discípulos falsos (vv. 60–66), y 2) la fe de los discípulos verdaderos (vv. 67–71). Tras haber predicado su sermón solo un puñado de discípulos se quedó con Él (v. 67).
6:61 sus discípulos murmuraban. Muchos discípulos de Jesús reaccionaron de la misma forma que los judíos en el v. 41 y que la primera generación de israelitas respecto al maná, esto es, murmuraron (Éx. 16:2).
6:64 Jesús sabía. Como se vio en las palabras de Jesús en 2:23–25, Él conocía el corazón de los hombres, incluso en el caso de los discípulos que lo seguían. De manera sobrenatural sabía que muchos no creían en Él como Mesías e Hijo de Dios, por lo cual no se fiaba de ellos. Estos discípulos falsos tan solo eran atraídos por los prodigios (p. ej. milagros y comida) y no lograban entender el verdadero significado de las enseñanzas de Jesús (v. 61).
6:65 he dicho. Vea las notas sobre los vv. 37, 44. Aunque los hombres y las mujeres son llamados a creer y tendrán que rendir cuentas por su incredulidad, la fe auténtica nunca es un asunto exclusivo de decisión humana. Una vez más, frente a la incredulidad, Jesús reitera la soberanía de Dios implicada en la elección para la salvación.
6:66 discípulos… ya no andaban con él. El lenguaje empleado revela que se habían ido de manera decisiva y terminante (cp. 1 P. 2:6–8; 1 Jn. 2:19).
6:69 hemos creído. Las palabras de Pedro resultaban en cierta medida presuntuosas porque sugerían que los verdaderos discípulos poseían algún tipo de percepción superior que les permitía creer.
6:70 No os he escogido yo a vosotros los doce. Como respuesta a las palabras de Pedro sobre la fe que habían alcanzado los discípulos, Jesús les recuerda que fue Él quien los escogió en su soberanía (vv. 37, 44, 65). Jesús no estaría dispuesto a admitir siquiera un susurro de pretensión humana concerniente a la selección soberana de Dios. diablo. La palabra “diablo” significa “calumniador” o “falso acusador”. Tal vez la idea se expresa mejor como “uno de vosotros es el diablo”. Dicho significado se ve expresado con claridad en 13:2, 27, Marcos 8:33 y Lucas 22:3. El más grande adversario de Dios actúa de esa manera ocultándose tras la débil naturaleza humana para instigar en ella su propia malicia (cp. Mt. 16:23). Jesús, mediante su conocimiento sobrenatural, identificó con precisión el origen de esta. También se evidencia aquí el carácter de Judas, no como un hombre de buenas intenciones, sino un hombre descarriado que procuraba forzar a Jesús para que manifestara su poder y estableciera su reino (como algunos sugieren), y un instrumento de Satanás que actúa con absoluta maldad (vea las notas sobre 13:21–30).
6:71 Iscariote. Lo más probable es que esta palabra provenga de la palabra hebrea que significa “hombre de Queriot”, que era el nombre de un pueblo en Judea. Al igual que en los otros tres Evangelios, tan pronto se nombró a Judas, este quedó identificado como el traidor.

About this Study Bible

Biblia de Estudio MacArthur cover
Biblia de Estudio MacArthur $24.99 Read Now
Life Bible app icon
Get the Life Bible app Read offline, sync highlights and notes, and study with your library on any device.