John 8 - Biblia de Estudio MacArthur
8:6 tentándole, para poder acusarle. Si Jesús hubiera ignorado la ley de Moisés (Lv. 20:10; Dt. 22:22) habría perdido su credibilidad. Si se hubiera ceñido a la ley mosaica, su reputación de hombre compasivo y perdonador habría sido cuestionada.
8:7 El que de vosotros esté sin pecado. Esto es una referencia directa a Deuteronomio 13:9; 17:7 que establece el inicio de una ejecución por parte de los testigos del crimen. Solo quienes no eran culpables del mismo pecado podían participar.
8:8 Cp. el v. 6. Parece que se trata de una estrategia dilatoria que les da tiempo para pensar.
8:11 no peques más. En realidad dice “deja tu vida de pecado” (cp. 3:17; 12:47; Mt. 9:1–8; Mr. 2:13–17).
8:12 Yo soy la luz del mundo. Esta es la segunda declaración de “Yo soy” (vea 6:35). Juan ya empleó la metáfora de la luz para hablar de Jesús (1:4). La analogía de Jesús aquí se inspira en las alusiones del AT (Éx. 13:21, 22; 14:19–25; Sal. 27:1; 119:105; Pr. 6:23; Ez. 1:4, 13, 26–28; Hab. 3:3, 4). La frase resalta la identidad de Jesús como Mesías e Hijo de Dios (Sal. 27:1; Mal. 4:2). El AT señala que en el tiempo de la venida del Mesías el Señor sería una luz para su pueblo (Is. 60:19–22; cp. Ap. 21:23, 24) y para toda la tierra (Is. 42:6, 49:6). Zac. 14:5b–8 señala a Dios como la luz del mundo que ofrece aguas vivas a su pueblo. Es probable que la lectura de este último pasaje hiciera parte de la liturgia en la fiesta de los tabernáculos. Para complementar la importancia de Jesús como la “luz”, vea las notas sobre 1:4, 5; 1 Juan 1:5. el que me sigue. La palabra “sigue” comunica la idea de alguien que se entrega por completo a la persona a quien sigue. Para Jesús no existen seguidores a medias (cp. Mt. 8:18–22; 10:38, 39). Aquí también hay una referencia encubierta a los judíos que siguieron la columna de nube y de fuego como su guía durante el éxodo (Éx. 13:21).
8:12–21 Si se toma aparte de la historia de la mujer adúltera en 7:53—8:11, este versículo encajaría bien con 7:52. La expresión “otra vez” indica que Jesús habló de nuevo al pueblo en la misma fiesta de los tabernáculos (vea 7:2, 10). Mientras que Jesús se valió del rito del lavamiento con agua (7:37–39) como metáfora para ilustrar la verdad acerca de sí mismo como Mesías en el cumplimiento de cada aspecto de la fiesta, luego prosiguió con la ceremonia de antorchas, otro rito de la tradicional fiesta. Durante la fiesta de los tabernáculos se encendían cuatro grandes lámparas en el patio de las mujeres en el templo, y bajo la luz que producían durante toda la noche el pueblo celebraba con danza, cántico y alabanza mientras sostenían antorchas en sus manos. Los músicos levitas también participaban. Jesús aprovechó esta oportunidad en la que se encendían las antorchas para describir otra analogía espiritual al pueblo: “Yo soy la luz del mundo”.
8:13 Tú das testimonio acerca de ti mismo. Los judíos citaron las mismas palabras de Jesús en 5:31 en un tono de burla. No obstante, estas palabras de Jesús están de acuerdo con la ley del AT que exigía la participación de varios testigos y no uno solo para establecer la verdad en cualquier asunto (Dt. 17:6). Jesús no estaba solo en su testimonio como Mesías, pues muchos ya habían testificado acerca de esta verdad (vea la nota sobre 1:7).
8:14–18 Estos tres versículos ofrecen tres razones por las cuales el testimonio de Jesús era verdadero: 1) Jesús conocía su origen y su destino, mientras que los judíos ignoraban aun las verdades espirituales más fundamentales, por lo cual sus juicios eran limitados y superficiales (vv. 14, 15), 2) la intimidad en la unión del Hijo con el Padre era garantía del testimonio verdadero del Hijo (v. 16), y 3) el testimonio unánime del Padre y del Hijo respecto a la identidad del último (vv. 17, 18).
8:17 en vuestra ley está escrito. Vea Deuteronomio 17:6; 19:15 y las notas en 1:7.
8:19 ¿Dónde está tu Padre? Los judíos, como solían hacerlo (p. ej. 3:4; 4:11; 6:52) pensaron de nuevo en términos humanos al preguntarle a Jesús acerca de su padre.
8:21 Jesús repitió su mensaje de 7:33, 34 pero en un tono más imponente acerca de las consecuencias de rechazarlo. Yo me voy. Se refería a su muerte, resurrección y ascensión inminentes.
8:21–30 Jesús reveló las consecuencias de rechazarlo como Mesías e Hijo de Dios, es decir, la muerte espiritual (v. 24; cp. He. 10:26–31). Estos versículos muestran cuatro características de una persona que morirá en sus pecados y experimentará así la muerte espiritual: 1) apelar a la propia justicia (vv. 20–22), 2) estar apegado a las cosas terrenales (vv. 23, 24), 3) ser incrédulo (v. 24), y 4) obstinarse en la ignorancia (vv. 25–29). Los judíos que rechazaron a Jesús cumplían con todas las anteriores características.
8:22 se matará a sí mismo. Quizá los judíos dijeron esto en medio de su confusión (vea las notas sobre 7:34, 35), pero es más probable que lo hayan hecho para burlarse de Cristo. La tradición judía condenaba el suicidio como un pecado infame cuyo resultado era la expulsión definitiva al peor lugar del Hades (Josefo, Guerras de los judíos iii. viii. 5 [iii. 375]). Dios lo entregó para ser asesinado (Hch. 2:23). Además, siendo Dios, Él entregó su propia vida (10:18).
8:23 Vosotros sois de abajo. Aquí la diferencia radica entre el reino de Dios y el mundo caído y pecaminoso (i. e. “de abajo”). En este contexto el mundo se refiere al sistema espiritual invisible dominado por Satanás, así como todo lo que ofrece y se opone a Dios, a su Palabra y a su pueblo (vea las notas sobre 1:9; 1 Jn. 5:19). Jesús declaró que sus opositores estaban unidos a Satanás y a su reino. Aquellos fueron cegados mediante esta dominación (vea 2 Co. 4:4; Ef. 2:1–3).
8:24 si no creéis. Jesús subrayó que el pecado imperdonable, eterno y mortal es no creer en Él como Mesías y como Hijo de Dios. A la verdad, si hay arrepentimiento de este pecado, todos los demás pueden ser perdonados. Vea las notas sobre 16:8, 9. yo soy. Las palabras de Jesús fueron construidas bajo la influencia particular del hebreo empleado en el AT. En este caso se trata del único empleo que significa “yo soy”, y cuya importancia teológica es enorme. La referencia podría tomarse de la declaración del nombre del Señor como “Yo soy” en Éxodo 3:14, o de Isaías 40—55 que repite varias veces la frase “Yo soy” (en especial 43:10, 13, 25; 46:4; 48:12). Aquí, Jesús se refería a sí mismo como el Dios del AT (Yahweh, el Señor) y declaró de forma explícita su absoluta deidad. Esto desencadenó la pregunta de los judíos en el v. 25. Vea la nota sobre el v. 58.
8:25 ¿Tú quién eres? Los judíos dejaban ver una ignorancia premeditada, pues los capítulos 1—8 demuestran que muchos testigos declararon la identidad de Jesús, y Él mismo probó con sus palabras y sus acciones a lo largo de su ministerio en la tierra, que era el Mesías y el Hijo de Dios. desde el principio. El principio del ministerio de Jesús entre los judíos.
8:28 Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre. La inminente crucifixión de Jesús. conoceréis que yo soy. Después de haber rehusado a aceptarlo por la fe y de haberlo clavado en una cruz, algún día se despertarían con horror al descubrir que menospreciaron al único a quien debieron rendir adoración (cp. Fil. 2:9–11; Ap. 1:7). Muchos judíos creyeron en Jesús después de su muerte y ascensión, al darse cuenta de que aquel a quien habían rechazado era el verdadero Mesías (Hch. 2:36, 37, 41).
8:31 que habían creído en él. El primer paso hacia el verdadero discipulado es creer en Jesucristo como Mesías e Hijo de Dios. Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos. Aquí se revela el segundo paso para avanzar en el verdadero discipulado. La perseverancia en obedecer las Escrituras (cp. Mt. 28:19, 20) es el fruto o la evidencia de la fe verdadera (vea Ef. 2:10). La palabra “permanecer” significa persistir de continuo en las palabras de Jesús. Un verdadero creyente se aferra a las enseñanzas de Jesús, las obedece y las pone en práctica. El que permanece en sus enseñanzas tiene al Padre y al Hijo (2 Jn. 9, cp. He. 3:14, Ap. 2:26). Los verdaderos discípulos son aprendices (que es el significado básico del término) y seguidores fieles.
8:31–36 Estos versículos dan un giro al tema de la salvación y el discipulado verdaderos. Juan resalta estas realidades al poner acento en la verdad y la libertad. El pasaje se centra en quienes habían dado muestras de fe en Jesús como Mesías y como Hijo de Dios. Jesús quería que avanzaran en su fe. La fe salvadora no es inestable, sino firme y constante. Tal madurez se refleja en un compromiso completo con la verdad en Jesucristo que resulta en una libertad auténtica. El pasaje delinea tres aspectos: 1) el progreso de la libertad (vv. 31, 32), 2) el fingimiento de la libertad (vv. 33, 34), y 3) la promesa de la libertad (vv. 35, 36).
8:32 la verdad. “Verdad” se refiere aquí no solo a los hechos que acompañaron a Jesús como Mesías e Hijo de Dios, sino también a la enseñanza que impartió. Un auténtico seguidor del Señor Jesús conocerá la verdad divina, así como la libertad del pecado (v. 34) y el reconocimiento de la realidad. Esta verdad divina no solo viene como resultado de una aceptación intelectual (1 Co. 2:14), sino de un compromiso con Cristo (cp. Tit. 1:1, 2).
8:33 jamás hemos sido esclavos de nadie. En vista de que los judíos habían estado sometidos a diversos yugos políticos por parte de muchas naciones (Egipto, Asiria, Babilonia, Grecia, Siria y Roma), tal vez se referían a su sentido interior de libertad.
8:34 De cierto, de cierto. Vea la nota sobre 1:51. todo aquel que hace pecado. No era la esclavitud física la que Jesús tenía en mente, sino la esclavitud del pecado (cp. Ro. 6:17, 18). La idea de “hacer pecado” significa tenerlo como un hábito (1 Jn. 3:4, 8, 9). La mayor atadura no es la esclavitud política o económica, sino estar sometido al yugo espiritual del pecado y de la rebelión contra Dios. Esto también explica la razón por la cual Jesús no permitió que lo restringieran a un simple Mesías político (6:14, 15).
8:35, 36 La noción de esclavitud en el v. 34 prosigue con la condición de los esclavos. Aunque los judíos se consideraban hijos de Abraham en libertad, eran en realidad esclavos del pecado. El verdadero Hijo en este contexto es Cristo mismo, que libera a los esclavos de su pecado. Quienes son liberados por Jesucristo de la tiranía del pecado y de la servidumbre del legalismo, son en realidad libres (Ro. 8:2; Gá 5:1).
8:39 Si fueseis hijos de Abraham. La construcción de esta frase indica que Jesús descartaba el simple linaje físico como condición suficiente para la salvación (vea Fil. 3:4–9). El sentido podría ser “si fueran hijos de Abraham, pero no lo son, porque si lo fueran harían lo que él hizo”. De la misma manera que los hijos heredan las características genéticas de sus padres, la descendencia verdadera de Abraham haría las obras que él hizo, es decir, imitaría su fe y su obediencia (vea Ro. 4:16; Gá 3:6–9; He. 11:8–19; Stg. 2:21–24). las obras de Abraham. La fe de Abraham se demostró por su obediencia a Dios (Stg. 2:21–24). Lo que Jesús quería señalar era que el comportamiento de los judíos incrédulos era el opuesto al de Abraham, quien llevó una vida de obediencia a todos los mandatos de Dios. La actitud que tuvieron hacia Jesús demostró que su verdadero padre era Satanás (vv. 41, 44).
8:41 Nosotros no somos nacidos de fornicación. Es posible que los judíos se refirieran a la polémica que existía en torno al nacimiento de Jesús. Ellos sabían la historia del compromiso de María y que José no era su verdadero padre, y por lo tanto, insinuaban que el nacimiento de Jesús era ilegítimo (vea Mt. 1:18–25; Lc. 1:26–38).
8:42 Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais. Esta frase (al igual que en el v. 39) niega que Dios fuera el verdadero Padre de ellos. Aunque el AT llama a Israel “mi hijo, mi primogénito” (Éx. 4:22) y afirma que Dios es el Padre de Israel por creación y por separación (Jer. 31:9), la incredulidad de los judíos hacia Jesús puso en evidencia que Dios no era para ellos el Padre espiritual. Jesús resaltó la señal explícita que identifica a un hijo de Dios, que es el amor por su Hijo, Jesús. Ya que Dios es amor, los que aman a su Hijo demuestran así su misma naturaleza (1 Jn. 4:7–11; 5:1).
8:44 vuestro padre el diablo. La conducta es lo que realmente evidencia la condición de hijo. Un hijo exhibirá las características de su padre (cp. Ef. 5:1, 2). Puesto que los judíos siguieron el ejemplo de conducta de Satanás con su enemistad hacia Jesús y su incapacidad para creer en Él como Mesías, la paternidad de ellos era precisamente lo contrario a lo que reclamaban, (i. e. pertenecían a Satanás). El ha sido homicida desde el principio. Las palabras de Jesús se refieren a la caída, el momento en el cual Satanás tentó a Adán y a Eva y logró destruir la vida espiritual que Dios les había dado (Gn. 2:17; 3:17–24; Ro. 5:12; He. 2:14). Algunos piensan que también podría referirse a la ocasión en la cual Caín asesinó a Abel (Gn. 4:1–9; 1 Jn. 3:12).
8:46 me redarguye de pecado. Aunque los judíos argüían que Jesús era culpable de pecado (5:18), aquí el sentido alude a que la verdadera santidad de Cristo quedó demostrada por la certeza de la pureza de su vida entera, y no por la ausencia de respuesta por parte de los judíos. Solo alguien perfectamente santo y que goza de la más íntima comunión con el Padre podría pronunciar tales palabras. Los judíos no podrían presentar evidencia alguna para acusarlo de pecado ante la corte celestial.
8:48 tú eres samaritano. Al ver que no podían atacar la conducta y la vida personal de Jesús (v. 46), los judíos intentaron justificar un ataque personal contra Jesús (ad hominem) y lo difamaron. Es probable que al llamar a Jesús “samaritano” aludieran al hecho de que los samaritanos, al igual que Jesús, ponían en duda el derecho exclusivo de los judíos de ser llamados hijos de Abraham (vea los vv. 33, 39).
8:51 nunca verá muerte. El resultado de atender a la enseñanza de Jesús y de seguirlo es la vida eterna (6:63, 68). La muerte física no puede apagarla (vea 5:24; 6:40, 47; 11:25, 26).
8:52 Abraham murió. La afirmación de Jesús de que quienes guardan su palabra nunca verán muerte (v. 51) incitó a los judíos a dar un argumento que ponía de nuevo en evidencia su razonamiento literal y terrenal (vea 3:4; 4:15).
8:56 En Hebreos 11:13 está escrito que Abraham vio el día en que Cristo vendría (“mirándolo de lejos”, vea la nota allí). Abraham vio en particular la simiente de Isaac como el principio del cumplimiento del pacto de Dios (Gn. 12:1–3; 15:1–21; 17:1–8; cp. 22:8) cuyo punto culminante es Cristo.
8:58 De cierto, de cierto. Vea la nota sobre 1:51. yo soy. Vea la nota sobre 6:22–58. Aquí Jesús declaró ser Él mismo Yahweh, (i. e. el Señor del AT). Algunos de los pasajes más conocidos que emplean esta expresión son Éxodo 3:14, Deuteronomio 32:39, e Isaías 41:4, 43:10, en los cuales Dios declara que Él mismo es el Dios eterno que se reveló a los judíos en el AT. Vea también las notas en los vv. 24, 28.
8:59 Tomaron… piedras. Los judíos entendieron la declaración de Jesús y siguieron Lv. 24:16, el cual indica que cualquier hombre que falsamente dice ser Dios debe ser apedreado. se escondió… atravesando por en medio de ellos. Jesús repetidamente escapó el arresto y la muerte porque su hora no había llegado aún (vea las notas sobre 7:30, 44; 18:6). Lo más probable es que el versículo indica escape por medios milagrosos.
